jueves, 10 de septiembre de 2020

SE LLEVARON POLÍTICA A MARZO

Se llevaron “Política” a marzo

Tantas declaraciones, gestos y decretos más bélicos y confrontativos que dialoguistas, hacen dudar. En la práctica política se puede visualizar al “adversario” o al “enemigo”: en esa diferencia lingüística anidan fuertes concepciones ideológicas. Pero suele limitarse al campo de los actores representativos, es decir, a los políticos. A lo sumo, a otros sectores de poder (empresarial, mediático, etc.). No a la sociedad civil. Un presidente (y sobre todo una vice) que odia a sus gobernados, los predispone en contra (como esos padres que le hablan mal de un hijo al otro), que exhibe el resentimiento como obra de gobierno en perjuicio de un sector de la población, abandona la práctica política para internarse en otro campo, peligroso por cierto (más allá de los relatos con los que intente disfrazar este enfrentamiento). Aquí ya no se habla de grieta sino de sitiar y empobrecer a un territorio con fines diversos en beneficio del vecino, como si el enemigo estuviera en la propia casa y encima gobernando. Nada menos que el vecino históricamente desamparado. Desamparo que dicho sea de paso ese mismo gobierno, con otros nombres, supo construir para sostenerse en el poder: se sabe que ninguna gran capital vota a gobiernos populistas. Desamparo fundado en una profunda injusticia social imposible de negar pero que no se resuelve con gestos como los de ayer. Que odien a CABA es la consigna; desmantelar la “opulenta” ciudad y ayudar con esos fondos a La Matanza para asegurarse los votos del año próximo son los objetivos. Sin embargo, hay un problema: estas maquiavélicas formas funcionan cuando se tiene a gran parte de la población detrás. Nada más lejos de la realidad: ni Alberto F., mucho menos Cristina F. o Kicillof, que no le encontró todavía la vuelta al cargo, cuentan hoy día con bases que saldrán a dar la vida por ellos. No son Perón ni Evita. Tampoco Martínez Estrada, que por lo menos radiografió la realidad argentina para demostrar cómo se gestó la hípertrofiada Buenos Aires. No está muy claro si lo de ayer fue una protesta real o un montaje, estrategia tan cara para el kirchnerismo. En todo caso, es jugar con fuego. Y ya lo dijimos muchas veces: las sociedades tienen cada vez menos paciencia con los incendiarios. Es más probable que si esta escalada bélica contra la ciudad, el campo, los empresarios, los que protestan, los medios, la justicia, los gorilas, los que salen a divertirse, a correr, etc. continúa, la historia tenga el mismo (desastroso) final de siempre: alguien tocándole suavemente el hombro al Presidente y al mejor estilo Evo Morales, recomendándole que para pacificar el país sería mejor que diera un paso al costado. Nadie quiere eso.