sábado, 11 de julio de 2020

CIUDAD Y CONURBANO: DOS REALIDADES

Ciudad y Conurbano: dos realidades

Que dos zonas interactúen activamente no significa que fueran lo mismo. La Ciudad no es el Conurbano y no hacen falta demasiadas pruebas para demostrar este enunciado. Basta con traspasar las fronteras de la General Paz y los puentes del Riachuelo para advertir la diferencia. O aún mejor: comparar el estado sanitario, habitacional y educativo de ambos. 

La Ciudad es, sin dudas, una geografía privilegiada que, como diría Martínez Estrada, se ha hípertrofiado en su monumental crecimiento, dejando muy atrás a casi todo el resto del país. Aseverar que conforman una unidad y que deben seguir juntos en la política sanitaria para enfrentar la pandemia no solo es una medida desesperada del territorio pobre que desea que el rico no le suelte la mano en su destino casi sellado. Constituye también el deseo de que una zona, tan necesaria como odiada, no demuestre que al fin y al cabo las políticas sanitarias, pero sobre todo, educacionales, llevadas a cabo durante años, funcionaron y permitieron la salida gradual del encierro. Porque al margen de la “abundancia” económica capitalina, una de las grandes diferencias con su territorio satélite es precisamente la cuestión educativa. 

Cuando el Gobierno de la Ciudad agradece que los porteños respetaran la cuarentena, lo que está diciendo es que respetaron el protocolo sanitario: barbijos, distancia social (sobre todo en los lugares cerrados) y aún en la clandestinidad (no hay negocio no esencial que cuando abre no lo haga con todo el protocolo de cuidado requerido). Por eso también, cuando surgieron los focos en los barrios vulnerables, la respuesta fue inmediata: allí no hay espacio para conservar distancia ni posibilidades de quedarse en casa sin salir a trabajar, pero tampoco la cultura necesaria para enfrentar un virus que exige protocolos muy estrictos. 

El panorama del Conurbano es, sobre todo en los cordones más vulnerables, una nefasta realidad cimentada durante décadas: planes sociales en lugar de trabajo; déficit habitacional; precarios o inexistentes sistemas de salud, con hospitales inaugurados eternamente pero sin profesionales ni insumos, y un deficitario sistema educativo sobre todo en los niveles iniciales y medios (habría que ver las nuevas universidades inauguradas la década pasada). Es decir, una instalación y conformidad en la pobreza, en todos los sentidos, muy útil para los gobernantes de turno. 

Hoy el Conurbano se encuentra en una peligrosa deriva, resultado de aquellas políticas que consideraron siempre que la realidad solo podía ser moldeada por los hombres. No tuvieron en cuenta que también las fuerzas de la naturaleza intervienen de vez en cuando. Y que cuando lo hacen, como en aquella fatídica inundación de La Plata, suelen arrasar con lo que encuentran a su paso.