viernes, 12 de abril de 2013

LIBROS / EL CINE. EXPERIENCIA Y PERCEPCIÓN


EL CINE
Mirar cine con actitud casi ontológica constituye una práctica reflexiva sobre nuestro tiempo y sobre nuestras posibilidades. Pensar su génesis, lo demostró Deleuze analizando a Bergson, es pensar la época moderna. La modernidad a través del cine funda una épica de la cotidianidad. Todo cine es urbano y político: comparte con las metrópolis sus orígenes, sufre sus transformaciones y busca generar efectos sobre las multitudes que pueblan las butacas y que, como dice Benjamin, ofician de experto y de público a la vez (el límite entre el poder, por ejemplo, de Hollywood para imponer un orden de valores y aquél que adopta de la masa a la que van dirigidas sus producciones será siempre incierto). Para su recepción, el cine recurre no tanto al nivel cultural del espectador sino al relato secreto que posee todo ser humano. Ese que anclado en el deseo de lo no dicho se emancipa por un rato de sí mismo, se retrata, se funde y se extraña a través de aquel movimiento que representa con tanta verosimilitud a la realidad y que a la vez, la reformula, confundiendo los planos, produciendo un distanciamiento de lo ya distanciado, un acercamiento y una fuga. Muchas veces, incluso, nos actualiza el recuerdo de algo que jamás aconteció.  Pero también apela a sí mismo, a su propia historia y a los efectos que, como expresión artística, generó en el pasado y los que producirá en el futuro: el film proyectado está aspirando siempre a crear una conciencia de sí mismo que perdure una vez finalizado. Todo cine, por trivial que fuera, es un saber colectivo que aunque se funda en la técnica, su naturaleza está fuera de ella. La emoción, el sentimiento banal, la repetición esperada o la intelectualización y el shock provocan una digresión que exige la continuidad de ese mecanismo –tecnológico, productivo y metropolitano- en el que se espeja y al que, por todos sus medios, intenta siempre desacomodar. El cine es, de alguna forma, la falla de un sistema al que alimenta y disuelve al mismo tiempo. Hay algo que pasa entre la butaca y la pantalla, en medio de la sala oscura, que lo remite a la magia, al sueño, a la pesadilla, a la infancia, a un ritual que difícilmente resulta atrapable en críticas o comentarios. Al fin y al cabo, lo que hace el cine es garantizar que ese acto, como toda liturgia, no cese jamás. Y se reactualice en cada nueva función.
El ocaso de las salas de cine, o del cine como espectáculo de masas, a favor de una experiencia doméstica, individual y solitaria refleja las formas actuales de proyectar el espacio urbano y el control sobre sus espacios de pensamiento. La ciudad neoliberal se funda en fragmentos atomizados y auto suficientes que constituyen una forma de pedagogía, un adoctrinamiento que extiende sus áreas de influencia a todos los otros espacios de la vida metropolitana.  Por un lado, el aislamiento masivo que provocan algunas de las nuevas formas de comunicación en pos de un servicio a la carta y personalista excluye precisamente la experiencia compartida, y emancipatoria, de ese arte-saber y sus posibilidades de percepción a través de una tecnología que se trasciende a sí misma. Y por el otro, empobrece a la misma ciudad al suprimir un núcleo de interacción social y comunitaria que irradia su influencia y que, por aquellas características transgresivas, genera un impacto de alta tensión sobre el entorno. Basta con observar el vacío que deja cualquier sala de cine cerrada y sustituida por otra tipología arquitectónica para saber cuánto deposita una comunidad en ella.
Las notas y ensayos que componen este libro se escribieron a lo largo de los años y fueron publicados en diversos medios impresos y digitales. Comparten sin embargo la misma actitud contra-disciplinar con la que fueron abordados. No se busca en ellos una crítica cinematográfica sino que cada película comentada funcione como una apertura a lo inesperado, una superficie donde se entrecrucen tensiones, afectos y saberes, la historia propia y también, la historia colectiva.
El cine. Experiencia y percepción tiene al espacio metropolitano como productor y al tiempo como protagonista: es un libro que se escribe para los espectadores que vendrán. Aunque sean contemporáneos.

Metrópolis / Fritz Lang (1927)

Fragmento del prólogo del libro "El Cine. Experiencia y percepción", Zenda Liendivit (Ensayo / Contratiempo Ediciones) (en imprenta)