lunes, 4 de diciembre de 2023

CINE / HOJAS DE OTOÑO

Hojas de otoño

Se suceden las publicidades, el pochoclo, la charla distendida y serpenteante en la sala oscura. De pronto, un avance del próximo estreno, “elijo creer”, o alguna cursilería semejante. Desfilan las escenas del mundial, las multitudes festejantes, las jugadas, los rostros, las palabras del “mesías”, la copa brillosa. El público enmudece, termina el avance y nada (había apostado conmigo misma que la sala se caería de aplausos, pero nada). Siguen las publicidades; de repente, otro avance, otro próximo estreno de la “epopeya”, creo que algo así como el inefable “muchachoooosss”. Y vuelven los rostros de los “héroes” de aquel absurdo, y muy extraño, mega evento, insertado en un mundo indigente, las banderas, agitadas por una multitud autómata,  que adoctrinan por exceso el concepto de patriotismo. Sin embargo, la misma reacción: el público, nada. Nada que lo devuelva a aquellos días, ninguna emoción. Empieza “Hojas de otoño”. Hermosa. Melancólica, bien Aki Kaurismaki. Seres anestesiados pero no resignados, deshechos sociales. O mejor dicho, ya ni siquiera eso: no existen. Precariedad laboral, soledad aterradora e individualista en la Helsinki pobre (la fastuosa no asoma ni de refilón), el humor como resistencia. Y un hombre y una mujer que se encuentran. Y el milagro, ¡ay!, del amor. Algunas ironías finas, varios guiños a otros tiempos fílmicos, a otras atmósferas vitales. Concluye. La sala estalla en aplausos. Salgo del cine al frío de la noche de domingo: se terminaron los espejos de colores.