domingo, 27 de agosto de 2017

EN PRIMERA PERSONA (2) / AUTOPSIAS

En primera persona (2) / Autopsias

Los primeros síntomas de la enfermedad mental que me acompañaría toda la vida surgieron alrededor de los 9 años. Un tiempo después, mi abuela había recomendado una visita al psiquiatra. Nada menos factible en la atmósfera familiar, social y política de mediados de los años 70, cultivada a fuerza de violencias silenciosas y tabúes, y que poco después concluiría en catástrofes y exilios (esta dimensión colectiva será tema de próximas entregas).

Un maltratador siempre intuye este tipo de historias familiares. Como lobo tras el cordero, olfatea el descalabro de ese tiempo de construcción del alma, de incorporación de mecanismos reflejos que tenderán a repetirse con extrema facilidad y que le darán libertad de acción. Lejos del tan de moda concepto de transferencia (el maltratado/a ve en sus relaciones la figura del padre o madre que lo maltrató), anida otro mucho más racional: el maltrato sufrido no constituye una cuestión exclusivamente personal o privado puesto que la figura del maltratador es una tipología cuyo fin principal en la vida es absorber la vitalidad de los otros, un parásito que necesita del anfitrión para vivir y sobrevivir en un mundo donde la exteriorización de esa crueldad está, o debería estarlo, penada por contrato. Quebrar este círculo vicioso, o destino, no siempre implica la fuga o el rechazo “saludable”; también incluye aceptar el desafío que no se pudo asumir en la infancia. En el caso de las relaciones de pareja surge entonces una variante singular, muy alejada de los ideales románticos o del pragmatismo económico. Se entabla una suerte de lucha de poderes en donde los roles del acreedor y del deudor se intercambian, y se fomentan, según las estrategias y las historias de cada uno. Pero sobre todo, cómo cada uno se ubica frente a dichas historias. La única constante es que existe una deuda a saldar, una indemnización a cobrar, que se acrecienta con el tiempo y que exige resolución. Pero no es solo el pasado personal el que reclama sino, por aquella definición tipológica, también el colectivo. El desorden mental, creativo a veces, destructivo casi siempre, hace acto de presencia, entonces, como memoria y a la vez, como resguardo. Cuando llega el momento de desplegar lo aprendido. De desmantelar ese engranaje que se refugia y activa en la impunidad inexpugnable de lo privado. Porque todo maltratador es un estafador que rara vez deja pruebas en el camino (sí, por lo general, un tendal de víctimas que suelen padecer de afasia para expresar esa violentación sistemática y reiterada). La peor emboscada en la que puede caer entonces será toparse con un lobo con piel de cordero que, tarde o temprano, lo pondrá en evidencia frente a los otros. Y este poner en evidencia no implica, necesariamente, llevarlo frente al estrado sino en develarlo como construcción tipificada en donde el instinto que se enseñorea a resguardo del secreteo pierde toda razón de ser. no hay nada más frustrante y desmovilizador para un maltratador que se conozcan las cartas con las que juega. Pero este proceso no es sucesivo como la escritura, no hay un narrador omnisciente que conoce de entrada estos linajes de la crueldad, de la acreencia, de la deuda, de dispositivos y engranajes. Son más bien inscripciones en el cuerpo que, en el mejor de los casos, mientras van buscando la voz, la forma, el tono, el tiempo y el espacio, se resguardan de la temida y esclavizante noción de “obsesión”, o de caer en la trampa del parasitismo. O sea, volverse el otro, definirse por el otro y sus tropelías (por ello, en estas relaciones, la monogamia o la fidelidad suele ser una imposibilidad y la aparición de los otros, un reaseguro). Cuando se da con las formas es porque el presente ya se transformó en pasado, en cadáver en rápido proceso de descomposición sometido a una autopsia con vistas a futuro. 
Domingo 27 de agosto de 2017

sábado, 26 de agosto de 2017

TV / GIRLS. EL ARTE DE LA EXISTENCIA

GIRLS
El arte de la existencia

Todo gira en torno a Hannah (Lena Dunham, que además es creadora y productora de la serie). Y lo que al principio parecería un elemental ejercicio de narcisismo se va transformando, de a poco, sutilmente, en la construcción de una estética diferente. Y no solo porque Hannah, su cuerpo y su intelecto son atípicos en esa periferia bohemia y medio descarriada que es Brooklyn. Promiscua, grosera, exhibicionista, indiferente a cualquier ley social o moral, excedida de peso y poco atractiva, Hannah también es escritora. O mejor dicho, es todo lo anterior un poco por temperamento pero principalmente porque quiere ser escritora. Sus reiterados "desenfrenos" aspiran a acelerar esos escasos 22 años iniciales y transformarlos, a través de la escritura, en shock para una aburguesada y demasiado cómoda clase media que observa indiferente el principio de su debacle. A costa del propio cuerpo, claro está. Porque "Girls" es también una re educación de la mirada neoyorkina en tiempos de Obama (de hecho, Dunham apoyó la campaña del expresidente). Una generación de veinteañeros que no encuentra espacio propio, que pulula por las calles descascaradas de Greenpoint, el vecino del insurgente Williamsburg, y que no aspira a Manhattan (aunque la tenga enfrente) sino a otras formas, diríamos, después de aquella debacle. Hannah, Yessa, Marnie y Shoshanna, secundadas por amigos, novios, padres y amantes de turno, constituyen prototipos desesperados que, mientras rompen con lo heredado, se preguntan qué hacer con un futuro que llega mucho más rápido de lo esperado, hasta casi tornarse presente. Este, entretanto, les explota en los cuerpos, zamarreándolas de un lado a otro. Casi como a cualquier joven: la única diferencia es que la explosión ocurre en ese pretendido, privilegiado y tan publicitado centro del mundo del que, pesada carga, hay que huir como quien huye de un edificio en demolición. Y tal vez retornar. En este desplazamiento, del destino buscado al espacio transformado por aquella búsqueda, se juega la vida de las chicas. Y probablemente, la de una ciudad que empieza a encender las luces de un ocaso inevitable.

martes, 15 de agosto de 2017

EN PRIMERA PERSONA (1) / ESCRITURA Y VIOLENCIA


Cuando mi mamá se enteró de que había posibilidades de encontrarme, cara cara, con aquel hombre que había prometido desfigurarme con ácido, matarme o dejarme insolvente con artilugios y trapisondadas, se aterró. No pudo dormir en varios días. Recordaba la fecha de la audiencia como jamás se acordaba otras, más significativas. Dije, para tranquilizarla: estoy rodeada de abogados, hay amigos haciendo el aguante, empecé defensa personal. Nada. Nada la tranquilizó. Y eso, principalmente eso, me desató instintos desconocidos: ni el ácido prometido, ni las amenazas de muerte, ni el socavamiento económico importaban. El desvelo de ella, de esa mujer con la que había tenido tantas diferencias en mi juventud, de golpe se había convertido en herida punzante. Llaga dolorosa que atravesaba su historia y la mía. Yo escribo, mamá, fue lo que atiné a decir como último argumento. Yo escribo.

Mis experiencias con un violento, ligeramente psicópata, nunca pueden ser exclusivamente privadas. Conforman la estructura cultural-mental del maltratador que se enseñorea sobre mi cuerpo que a la vez testifica otras historias. Me constituyo en prueba. El juicio no surge como revancha ni como castigo sino como desplazamiento. Un cuerpo violentado que se reconstituye a través de la puesta en evidencia del otro. Por eso, la justicia penal es mucho más significativa que la civil. Como en "La colonia penitenciaria", el delito se inscribe en el cuerpo del condenado. Por ello, también, el proceso no puede ser censurado en cuanto a su comunicación: es un asunto político que implica a la comunidad en su conjunto.
Lunes 14 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

TELEVISIÓN / VIDA DURA

Salvación

Estoy obsesionada con la miniserie Vida dura. Y en consecuencia, con Ciudad Jardín, en la periferia de Oslo. No sé si existe en realidad o es ficción. Algo similar me ocurrió con el cortometraje holandés Odisea en Bijlmer. Que existe y tuve la suerte de conocer cuando estuve en Ámsterdam. Pero esta Ciudad Jardín está tan lejos de cualquier utopía como, paradójicamente, resulta evidente su cercanía. Prueba de que una determinada disposición arquitectónica no sería suficiente para garantizar felicidad alguna y sin embargo, como un destello edénico, la propiciaría. De la polifonía actoral, hoy me detengo en Jorgen, el torturado y un poco fracasado director de cine al que la productora NRK (que es también la productora de la miniserie en la realidad), lo contrata para dirigir una serie de suspenso. Y, antes de empezar, lo despide sin mayores explicaciones. Este cruce, diría monumental, entre realidad y ficción, no es gratuito: Jorgen, que no tiene problemas económicoos, decide entonces ver más televisión (a la que detestaba) porque supone que allí estarán las posibilidades estéticas que el cine empieza a negarle. Jorgen termina sentado frente a la pantalla para aprender y, en última instancia, para paliar esa acuciante soledad que le provocan los seres que lo rodean en ese espacio altamente cualificado de las afueras de Oslo.

APUNTES PARA UNA BIOGRAFÍA / SABOR AGUACATE

Sabor aguacate

Nos esperaba a la vuelta del colegio con sándwiches de verduras y mayonesa casera en pan francés. Y siempre, el plato con puré de palta, aceite, sal y ajo para untar con galletitas. Por si nos quedábamos con hambre. La llamábamos aguacate, crecía en casi todas las casas de Asunción, era barato, saludable y satisfacía cuando las épocas venían malas. En mi caso y en mi casa, casi siempre. Mamá abusaba del ingenio; a nosotros nos salvaba el estado de gracia de la infancia. Y en la adolescencia, los amores imposibles nos desvelaban tanto que ni la comida ni la palta ocupaban un lugar preponderante en nuestras vidas: hermanas y amigas vivíamos suspirando como protagonistas de novela de siglo XIX. La atmósfera represiva, productora de ficciones, favorecía a los hogares que no habían conseguido ubicarse en la gigantesca maquinaria corrupta y corruptora del stronismo. O, como mi familia, que guardaba prudencial distancia a pesar de que Stroessner no olvidaba: papá, intelectual y militante febrerista, exiliado en Argentina por participar del golpe contra Morínigo en el 47 y colaborar con el grupo que libró al entonces Coronel Stroessner de un atentado en Paraguari, ocupó a fines de los 50 la fiscalía y cargos académicos en prestigiosos colegios y universidades nacionales de Asunción. La colectividad lo recibía y entonces yo, de nena y después adolescente, participaba de almuerzos con esos nombres innombrables, algunos aborrecibles. Pero en la década del 70 ya había iniciado el camino sin retorno al ostracismo y el descarrilamiento mental. Un mundo se le había cerrado; el otro, la familia, pagó las consecuencias. 

Foto: Calle Palma / Años 60



miércoles, 19 de julio de 2017

VIDA DURA / PADRES E HIJOS

Padres e hijos




Los hijos pequeños y adolescentes que aparecen fugazmente en “Vida dura” (la brillante serie noruega del director Olaf Johannessen) adoptan casi siempre la posición de espectadores. Ojos asombrados, cuerpos dóciles, obedientes, el espectáculo, por supuesto, es la vida de sus padres. Y de manera más amplia, la vida en comunidad en Ciudad Jardín, un valorado conjunto habitacional en los suburbios de Oslo. Los chicos están atentos; a veces, indolentes, pero siempre a la espera. Hay leyes no escritas que deben ser respetadas a rajatabla para seguir perteneciendo (así se lo hacen saber los adultos al pakistaní que intenta imponer otras reglas. Así le vá). Tomasz, el inmigrante polaco y pobre que viene en busca de su padre desconocido y que en Varsovia es un lingüista que domina cinco idiomas y allí, un empleado de limpieza de la universidad, actúa como esos niños: asombrado, dócil, observa un mundo regido por la abundancia y sobre todo, por el desasosiego que esta provoca. A modo de “Terciopelo azul”, pero con otros lenguajes y registros, debajo de esa naturaleza, tan amada por los noruegos, se agitan sin embargo pasiones, perversiones y deseos que aquí nunca van a provocar estallidos. Cuando salen a flote (la incendiaria Susy; el zoófilo Vidkun; el escapista Hugo o el poliamor de Turid, Kiram y Holdem), adquieren el signo de la fatalidad inevitable, son disimulados por un siempre igual que impide ver las diferencias o aceptados porque al fin de cuentas, no alteran el devenir establecido. Hay sí una evidente intención de herencia de parte de los mayores hacia la descendencia, que no pasa por cuestiones materiales sino por idiosincrasia. Hijos del frío extremo, de una abundancia desconocida en el resto de Europa, pero también de una certeza, producto tal vez de este aislamiento: nunca nada será demasiado importante, ni para vivir ni para morir, salvo aquellas formas. Jens Christian, el nihilista hijo adolescente de Jorgen y Anitra (director de cine él; profesora de fitness con programa de TV incluido, ella) es el único que parece conocer esta verdad sin escapatoria. Pero es en la figura de Tomasz donde el padre se intercepta con el hijo (viene en busca del suyo y él mismo se convertirá en padre), así como la vida acomodada se cruza con la miserable a través de esas corrientes migratorias de desesperados que de alguna forma funcionan como los hijos pobres y reclamantes de una opulencia deudora. No en vano, Tomasz trata de explicar a los profesores universitarios noruegos que las formas verbales del tiempo futuro deciden las formas en que se lo vivirá. El final de la miniserie, y sobre todo el de Tomasz, no constituye más que la ratificación de aquella certeza: padres e hijos están atrapados en la trama monstruosa y traicionera de una utopía fallida en la que solo se puede permanecer a flote y en la que la supervivencia se juega en la continuidad, producción y reproducción de la misma. Cualquier agujero, perforación o invasión fuera de foco equivale, literalmente, a la muerte.

jueves, 13 de julio de 2017

VIOLENCIA Y MISOGINIA

Cuando se nos judicializa la vida

Muy pronto, sospecho, estaré de nuevo entre audiencias, juzgados, abogados, demandas y probables no-acuerdos entre partes. Como soy escritora-periodista y pensadora, y rara vez (afortunadamente) mi mundo rozó el de aquéllos, llevaré una crónica detallada y crítica de estas nuevas experiencias. Un anticipo, y que tiene estrecha relación con lo que vendrá, fue "Yo denuncio" (lo más leído hasta el momento en la historia del blog). Será interesante internarme en léxicos, estrategias, fueros, recursos, pruebas, alegatos y todo lo que conforma ese tan vilipendiado mundo judicial. En fin: nadie puede decir que de allí incluso no saldrá un libro sobre la situación de la justicia argentina narrada desde el propio cuerpo.
Aquí se irán publicando los capítulos, en entregas, como en el siglo XIX.

domingo, 9 de julio de 2017

CURSO: LA ARQUITECTURA DE LA MODERNIDAD EN BUENOS AIRES

Inicio: Martes 18 de julio

El auge del liberalismo / Terratenientes y burgueses /La ciudad ideal, la ciudad real / Modernidad y Modernización / Neoclasicismo, Academicismo y Eclecticismo / El palacio francés, el pétit hotel y las casas de renta / Conventillo y rebelión / La técnica y la producción del espacio urbano / Las ideas importadas / El ascenso de las clases medias / Nuevos temas, nuevos estilos / La ciudad escrita..

Informes:


sábado, 1 de julio de 2017

ESCRITURA Y VIDA

Después de haber publicado 4 libros (uno de ellos, reedición corregida) en los dos últimos años, 2017 se presenta sabático. No en escritura sino en edición propia. Se está gestando uno, que ya tiene, por fin, título y el índice-guía, esas palabras que ordenan lo ya escrito, lo configuran (sensaciones de autora: nada se sabe del lector en esta instancia). Pero hay un largo camino por delante.
Lo raro es que mis cuatro primeros títulos están casi agotados. Raro, porque jamás entré en vecindad con los grandes jueces de la palabra escrita, y sus aliados mediáticos, terratenientes que alambran los campos de lo pensable y leíble, dictaminando dónde está lo civilizatorio y dónde la barbarie. Esa que quedó afuera de las fronteras y puja no por entrar sino por demoler, precisamente, aquellas domesticaciones naturalizadas y ejercidas sobre masas cada vez menos pensantes. 
(¿Será entonces que el llanto del hermoso replicante de Blade Runner encuentra en ese agotamiento editorial alguna huella de esperanza? Ojalá).

Zenda Liendivit / Julio 2017

CURSO: LA ARQUITECTURA DE LA MODERNIDAD EN BUENOS AIRES

Inicio: Martes 18 de julio
Informes:
revistacontratiempo@fibertel.com.ar




sábado, 3 de junio de 2017

YO DENUNCIO

Yo denuncio
(Una noche en la Oficina de Violencia Doméstica)


Varias hileras de sillas, unidas por tirantes de hierro que hacen que el conjunto funcione en bloque, se mueve una, se mueven todas. Mayoría de mujeres, un muchacho al fondo, un hombre que acompaña a otra. Algunas charlan, otras miran el vacío. Jóvenes, maduras, vestimentas disímiles. Una mesa, con dos dispensadores de agua fría y caliente, y sobrecitos de te, mate y azúcar para paliar el intenso frío, de afuera pero también de allí adentro. Un hombre llama por número, explica el procedimiento. A mí me dice que recién me atenderá el equipo interdisciplinario del turno noche. Salgo a caminar por Corrientes con mi hijo, utopías, militancia y camaradería flotan en el recuerdo por un rato, es sábado de un invierno anticipado. Vuelvo, puntual como me lo pidieron, a las 19:30 hs. Me toman declaración a las 11 de la noche. 

En algún momento asoma un hombre y dice al salón de las esperantes: “Esto es lento, pero sepan que en ningún país del mundo existe una repartición que funciona las 24 hs. del día los 365 días al año, que ofrece la posibilidad de que se lleven la denuncia iniciada y resuelta a las pocas horas”. Su hablar es cálido, sabe a quiénes se está dirigiendo, la extrema vulnerabilidad de la escucha, la espera que también es desespero y alguna tibia, remota esperanza. Hay una chica, joven, que es revisada por un médico y a la que llaman a cada rato. Hay una adolescente que entra con amigos: no quiere retornar al hogar, se lleva mal con el padrastro. Llega mi turno, subo las escaleras, psicólogos, trabajadores sociales, especialistas, todos hombres, me esperan en una pequeña sala calefaccionada. Solo los hechos puntuales, aclaran, agregan que ellos irían guiando la entrevista. Me avisan que la declaración se graba “porque a veces el juez también quiere escuchar a la denunciante”. Debo afirmar que estoy de acuerdo en voz alta. Empiezan las preguntas, quieren detalles, esos que seguramente les hace diferenciar entre alguien que está diciendo lo más cerca a su verdad de una burda mentira. Se cuidan muy bien de jamás preguntar qué hice yo antes de cada episodio violento. Violencia que incluye lo físico pero también sus otras formas, a veces más sutiles, que rara vez dejan huellas y que suelen apelar a la mentalidad policíaca que exije pruebas en todos los ordenes de la vida. Les ahorro la gentileza: tengo memoria prodigiosa y sé dónde, cuándo, a qué hora, qué dije, qué dijo, y qué hizo y qué hice. Así 20 años atrás como la semana pasada. Narro con austeridad, también doy rápidas panorámicas. Es mi vida, no son esos personajes de ficción que suelo crear y que a última hora, certeramente, cambian los planes y la presunta víctima termina siendo el asesino. A ratos me impaciento o enmudezco, a ratos surgen también piadosas lagunas. Asienten. O me piden que no me apure: la transcripción debe ser literal. Llego a mi infancia y adolescencia, trágicas, violentísimas, como ese presente, ahora pasado, que estoy denunciando. Concluyo. Vuelvo al salón y espero. Allí me leerán lo que escribí y tendré que firmarlo. Solo queda una mujer que se acurruca en una silla, apenas abrigada con un buzo. “¡Qué frío hace!”, me dice. Por algo que escuché, ella prefiere quedarse allí, a resguardo. Retorna uno de mis entrevistadores. Me explica los pasos a seguir: el lunes me dirán el juzgado sorteado y la resolución. Fin del papeleo. Entonces ese hombre, con un tono que logra abandonar por un instante el léxico jurídico, prosigue. Que mi denuncia es muy grave. Que el machismo es estructural, transversal, que brota en cualquier lado, que hay que cambiar de a poco esas estructuras, que esta es una etapa de transición. Entonces me señala un hospital de Caballito; me habla de una especialista que es muy buena, me facilita los datos de día y horarios en los que atiende. Que ahora, lo urgente, es no repetir la historia. Hay algo en ese gesto que delata sus años de tratar con violentos y destinatarios. Agradezco sin hablar. Afuera la noche está helada y oscura, asoma el domingo. Pero la vecindad con tribunales hace que los patrulleros abunden. 

El lunes, tal como me lo anticiparon, y rodeada de secretarios, abogados, pasillos, carpetas, como si me hubiera transportado a un relato de Kafka, espero el veredicto. ¿Soy víctima o me acusarán por un crimen que desconozco? Ese que a veces insinúa que si te bancaste a un violento, algo de culpa tendrás. Nada más alejado de la realidad: la secretaria de la jueza que salió sorteada en mi caso me dice que mi denuncia es grave pero que no sea escéptica (entonces me doy cuenta de que leyeron atentamente mi declaración en la que en algún momento expongo mis dudas sobre la efectividad de este tipo de medidas): que muchos hombres, al ver judicializada su violencia, se repliegan. Ni hablar frente a probables juicios en puerta a los que tengo acceso, en la esfera civil pero sobre todo, en la penal. Esta me atrae más por su connotación semántica: penal viene de punición, de castigo, pero también de pena. Pena eterna, ancestral. Es un primer paso, agrega la mujer que jamás podría ser un personaje de Kafka. Salgo del juzgado, llevo en la cartera un papel firmado que dictamina que una persona no puede acercarse a mí a 3 cuadras a la redonda durante cuatro meses, ni comunicarse por teléfono, ni mirarme. La situación resulta un poco irreal: toda la maquinaria estatal, que funciona con un nivel de excelencia que jamás hubiera imaginado, se introdujo en mi vida y puso límites. Las comisarías no se quedan atrás (intervienen las dos, la mía y la del denunciado): recepcionan el pedido con una gentileza no incluida en el imaginario colectivo. 

Yo como destinataria (evado adrede el término víctima), desde la infancia, de violencias y tropelías machistas, de parte de hombres y mujeres, reitero mi posición: hay que remover las raíces, dinamitar las fundaciones; los conceptos sólidamente instalados como rocas. Esto no es un asunto de reivindicación de clase ni de elección de género; mucho menos, de oportunismos políticos o de una delirante confabulación de machos contra hembras: es un problema cultural construido durante siglos por hombres y mujeres. 

Yo denuncio. Pero hago una salvedad: los canales están abiertos, funcionan con una eficacia que solo la ignorancia o la especulación política niega. Agradezco a la OVD, que fue fundada en 2008 y depende de la Corte Suprema de Justicia; a la mujer que con su voz cálida me orientó a través de la línea 144; al juzgado y a su encantadora secretaria que me pidió un poco de fe, a los hombres y mujeres que me atendieron en las comisarías. A esa red que estuvo, a pesar de todo lo que se diga en su contra. Pero algo es cierto: a los resabios de una civilización agonizante, parásitos de sus propios temores, rara vez los detiene ley o papel alguno. Mucho menos, marchas y eslóganes que se escurren como pátina pegajosa, molesta, a veces detonadoras de esas bombas de tiempo combustionadas por la humillación y envalentonadas por la publicidad. Gesto inútil, espejo perverso de lo que denuncian. Trabajo de base, eso es lo que falta. 

Dudo que la vociferancia del oportunismo político sepa lo que es convivir durante casi toda la vida con verdaderos violentos. Yo, en cambio, sí. Y denuncio.

Zenda Liendivit / Mayo 2017

viernes, 12 de mayo de 2017

CURSOS Y SEMINARIOS 2017

Cursos y seminarios del 
Centro de Arte y Pensamiento de Contratiempo

1. La ciudad mundial (Empieza el Jueves 18 de mayo)
2. ¿Qué es la Literatura? (Módulo 1 / Julio)
3. Literatura y Ciudad (Módulo 2 / Agosto)
4. La imaginación utópica y la construcción de la subjetividad (Taller experimental / Septiembre a Noviembre)

jueves, 4 de mayo de 2017

LA CIUDAD MUNDIAL / CURSO MAYO

SEMINARIO MAYO 2017 
La ciudad mundial
La ciudad no es receptáculo ni decorado. es sumatoria de tensiones, de fuerzas que se entrechocan y configuran espacios, cuerpos, subjetividades. La ciudad es organismo y maquinaria, deglute, produce y descarta. Algo de esto se verá en el seminario La ciudad mundial, un recorrido visual y crítico por las grandes metrópolis a través de sus expresiones estéticas y sus transformaciones en el tiempo.
INICIO: Martes 16 de mayo / Jueves 18 de mayo
Informes: 


sábado, 22 de abril de 2017

CURSOS Y SEMINARIOS 2017

Cursos y Seminarios 2017

1. La ciudad mundial (Mayo-Junio) 
2. ¿Qué es la Literatura? (Julio)
3. Filosofía, Literatura y Ciudad (Agosto)
4. La imaginación utópica y la construcción de la subjetividad (Septiembre)
Todos los cursos constan de 4 encuentros (a excepción de la “La ciudad mundial”, con 5 encuentros).
Horario: de 18 a 20 hs. y dos días opcionales de cursado: Martes o Jueves
Zona: Caballito
Incluye: refrigerios y obsequios, gentileza de Contratiempo Ediciones
Requieren inscripción previa.
No se necesitan conocimientos previos.
Consultas e informes:


domingo, 16 de abril de 2017

APUNTES AUTOBIOGRÁFICOS / RAJADURA

Rajadura


Semana santa en El Palmar, en carpa, en grupo. Uno de esos tantos programas con los que atosigaba mi vida universitaria y sobre todo, la militancia estudiantil. Con gente siempre alrededor, por todos lados, compañeros y compañeras a los que, con la liviandad de la edad y la obligación moral de la solidaridad antiburguesa, muchas veces llamaba amigos, más por cercanía física que por empatía. Aquella salida no aceptaba sin embargo la ausencia de compromiso político. En otras palabras, solo irían militantes. El miércoles, Retiro era un infierno tomado por mochileros como nosotros. Los dos días que estuvimos en El Palmar, sin embargo, fueron menos festivos: llovió, a ratos en forma torrencial. Clima que sintonizaba con la atmósfera del grupo y, todavía no lo sabíamos, también con el resto del país: durante ese tiempo brotaban salvajes las diferencias y hostilidades que en reuniones trasnochadas se paliaban al fragor de alianzas estratégicas contra las agrupaciones de derecha. No recuerdo cuándo exactamente nos enteramos del levantamiento carapintada, pero probablemente fue el sábado a la tarde. Alguien fue al pueblo en busca de víveres, alguien vino con la noticia. Entonces ese odio por una coma de más, o un candidato de menos en las listas estudiantiles, esas discusiones a ratos gallináceas por una diferencia programática, ese rencor por el rejunte obligado para armar una fuerza frentista, se nos antojó remoto. Por unos instantes, la militancia que nos consumía las horas, los días, las energías, las pasiones, se espejó en aquella aventura: solos, aislados en medio de la naturaleza, discutiendo sobre los problemas del mundo cuando este, a nuestras espaldas, empezaba a derrumbarse. Levantamos campamento; subimos a los ómnibus que encontramos a mano y llegamos a la plaza el domingo de pascua. Apenas cinco años, recuerdo que pensaba entre una multitud que aguardaba con los puños en alto. Nosotros nos mirábamos en silencio; nadie se atrevía a decir lo obvio. Un retorno pero esta vez con nuestros cuerpos de dirigentes estudiantiles en primer plano, nosotros, los que vinimos después, los que fogoneábamos marchas, tomas y reclamos, los que ocupábamos secretarías en los centros de estudiantes, los que disputábamos la presidencia, siempre fotografiados por gente rara que pululaba alrededor. Otra vez?, pensábamos incrédulos; y un sudor frío nos recorría la espalda. Domingo soleado, fresco, precioso. Entonces, un temblor primero, una rajadura después, que se abría y se iba ensanchando de a poco, al compás de una agitación existencial y a la vez, lingüística: “la casa está en orden, los héroes de Malvinas, felices pascuas”. Un abismo por el que caían esas multitudes que habían salido a las calles, esa época que tambaleaba, ese gobierno que jamás terminaría su mandato. Y supongo, también nuestra juventud entonces libertaria.

martes, 4 de abril de 2017

CURSO MAYO: LA CIUDAD MUNDIAL


Inicio: Mayo 2017
Requiere inscripción previa
Consultas e informes:
 revistacontratiempo@fibertel.com.ar

domingo, 19 de marzo de 2017

CURSO MAYO 2017 | LA CIUDAD MUNDIAL



Un recorrido visual y crítico por las grandes ciudades contemporáneas a través del arte, la arquitectura, la literatura, el urbanismo, las utopías y las corrientes de pensamiento. Sus transformaciones en el tiempo. La actualidad y el devenir. Un curso en tiempo real sobre qué está pasando en los centros mundiales y su relación con Buenos Aires. 


Docente: Arqta. Zenda Liendivit
Duración: 5 encuentros / Jueves 18 a 20 hs
Zona: Corrientes y Callao
Habrá café, refrigerios y, como siempre, obsequios de Contratiempo Ediciones.
Inicia en mayo. Inscripción previa. Cupos limitados
Consultas e Informes: revistacontratiempo@fibertel.com.ar



viernes, 10 de marzo de 2017

CRÍTICA Y CLÍNICA: LA GENTE EN LA CALLE

La gente en la calle

1. El lunes 6M fue glorioso: la marcha docente expresó con claridad meridiana y una praxis política envidiable, su ubicación geográfica dentro de la violenta cartografía política de este año. 


2. El martes 7M, una esplendorosa marcha convocada por la CGT donde se pudo palpar el espíritu de lucha, de organización, de fiesta, de obreros y trabajadores. Hubo dos planos, si quisiéramos utilizar lenguaje fílmico: el pulso en las calles, esquinas y avenidas, tomadas por asalto pacífico por parte de aquéllos, y el otro, la violencia en el palco y la intención de romper la convocatoria. Una doble traición, típica de la política, que demuestra una vez más que los obreros no interesan a cúpulas de ningún sector, ni de las centrales sindicales ni de las opositoras.


3. Y la de ayer, 8M, la mal llamada "marcha de mujeres", que puso en evidencia dos cosas: "las mujeres" como sujeto político no son suficientes para organizar un reclamo que resulte realmente significativo (digamos, que trascienda la anécdota de encontrarse y charlar con las amigas y adherirse a la lista mundial de países que "celebraron" el día). Se necesita de las muletas partidarias y gremiales, que si ayer no hubieran acudido al rescate, hoy estaríamos hablando de una batalla campal o de apenas un paseo por la plaza. Una bolsa de gatos, suele ser la expresión política pertinente. Elevaremos el discurso: un rejunte heterogéneo que será cooptado (si ya no lo está, solo que camuflado) por cualquiera que tenga lo que las dos marchas anteriores demostraron con comodidad: programas políticos, reclamos concretos, unidad en la lucha. Las tensiones evidentes durante la movilización, la violencia final, la represión y las detenciones posteriores, que opacaron el ya deslucido acto de ayer en cuanto a impronta política, no hacen otra cosa que poner las cosas, malamente, en su lugar: si van a declararse como partido político, que lo hagan cuanto antes. Honestidad política, eso es lo que les está faltando a estas "entusiastas mujeres", y esa carencia puede tener derivas insospechadas.



Tres marchas durante tres días seguidos con resultados diversos: de la alta intensidad de las primeras, a la anecdótica y pintoresca de la última. Demostraciones, sin embargo, que el pueblo en la calle siempre es mejor que si se queda mirando televisión, como preferiría el ministro Aranguren, quien solo acepta el reclamo organizado en el seno del Congreso. Habrá que ver cuáles serán las repercusiones. En principio, esperamos, como todo el mundo, el tan ansiado paro. 

martes, 28 de febrero de 2017

PUEBLADAS

Puebladas 
"Estos campos pertenecen a los fulanos, aquella estancia a mengano, los hijos de sutano se hicieron cargo de todo esto cuando sus padres fueron asesinados...", contaban los amabilísimos guías lugareños mientras señalaban el paisaje veloz que saturaba las ventanillas de verde y embriagaba de aire al fin puro a nuestros pulmones contaminados. Con la tranquilidad del baqueano, nos narraban crímenes, venganzas, accidentes y herencias, las grandes tramas, casi de telenovela colombiana, que envuelven a familias poderosas en pueblos pequeños. Y desfilaban los nombres de la alcurnia local, esos que, uno ya sabe, son los dueños de la tierra. Pero ¡cuánto choca ver esa exuberancia, esas extensiones eternas y prósperas reducidas a apenas un apellido! Para nosotros, tan capitalinos, tan ensimismados en marchas, paros, decretos, virulencias verbales y agendas rigurosamente vigiladas para direccionar el pensamiento y entretener el presente, aquel esplendor nos conmovía y a la vez, aletargaba, como el calor que casi me hace caer al piso el domingo al mediodía, en el hermoso Uribelarrea. Andábamos por la opulenta Cañuelas; por Lobos y su popular laguna, allí donde se recrean los juegos y estrategias de la infancia y de la pobreza; pasamos por el chato Navarro y enfilamos hacia Mercedes y su satélite Tomás Jofré, un pueblito de 70 habitantes con feria de antigüedades y gastronomía de paladares exigentes y precios también para pocos. La escala en Lobos fue obligada: la casa natal de Perón, el museo con recreación de mobiliarios y momentos memorables (pobre, para la historia inmensa que encierra su nombre) y una plaqueta que nos llamó la atención: fue donada en 2002 por el entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, y reproducía las palabras del líder, fechadas en 1973: “Yo quiero que todos los argentinos sepan que nuestro movimiento no es sectario, ni es excluyente. Todo el que ha querido llegar a nuestro movimiento ha llegado y ha tenido el mismo derecho que todos los demás. En los movimientos sirven no solo los de la primera hora sino los de todas las horas…” ¡Qué necesarias para los tiempos que corren!



















Fotos: Cañuelas / Lobos: Casa de Perón y Laguna / Uribelarrea / Mercedes / Tomás Jofré
(Z.L. Febrero 2017)

jueves, 16 de febrero de 2017

REVISTA CONTRATIEMPO ACTUALIZADA




Revista Contratiempo (2° etapa)

1) Disparen sobre el machismo, ¿resguarden al neoliberalismo? / Nota
Textos reunidos:
Nadie menos: la sagrada comunión
La mujer que acaba de romper el jarrón
El cuerpo del delito
Susana Chávez Castillo: militante y artista

2) Frontera, inmigración y fracaso / Nota Editorial
Textos varios 

3) Novedades audiovisuales:
Un relato de ciencia ficción llevado al cine.(en construcción)
Vanguardias (cortos / próximamente)

4) Vecindades: a partir de ahora se incluirán notas, ensayos, videos de
otros sitios que tengan relación con lo que estamos pensando.
Esta vez :
Muertes en el Mediterráneo (video, EuroNews)
Los youtubers (Cultura colectiva)
Los que imaginaron un futuro fascista (The Guardian)

5) ETC.

domingo, 22 de enero de 2017

ÚLTIMA FILA / RICARDO PIGLIA EN FILOSOFÍA Y LETRAS

Última fila
Ricardo Piglia en la Facultad de Filosofía y Letras durante la década del 90

Ni un panegírico, ni un recuerdo lacrimógeno frente a la ausencia irreparable; tampoco, anécdotas inolvidables de los años de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras; ni un análisis crítico de su obra. Será, o seré, algo así como una intermediación entre la figura de Ricardo Piglia como profesor y lo que creí percibir de sus seminarios dictados en Puán. Y que más adelante, casi diez años después, influirían de manera muy tangencial en mis propios libros sobre Borges y Roberto Arlt. Entonces, las vecindades de una escritura. 
Piglia no era Viñas, aunque ambos merodearan territorios parecidos más o menos por la misma época. Viñas hablaba y la palabra se encarnaba en el verbo, rastreando líneas de fuga hacia parentescos y linajes, así de la literatura argentina y su relación con la política, como del mismo lenguaje que se emancipaba de su carácter utilitario, liberándolo siempre hacia derivas insospechadas: Viñas contragolpeaba la lengua hasta hacerle confesar su funcionalidad al poder, no solo político y comunicacional sino, y principalmente, aquel que trazaba los límites de lo pensable a fuerza de cánones y dogmas. En sus clases, nos hacía respirar la atmósfera no de las orillas de Borges o de la ciudad maldita de Arlt sino de la impronta de su mirada sobre ellas a través una artificiosidad que lindaba con la puesta en escena. Viñas era Viñas antes que cualquiera de sus programas académicos. Ricardo Piglia, en cambio, se fusionaba con el objeto de su deseo. Había adoptado el método, la mirada, el engarce, la ubicación y la distancia del escritor enseñado (porque Borges era eso, enseñado y enseñable) y a la vez, exhibía cierto regodeo en esta mímesis, como si un hombre, al fin el hombre, hubiera logrado la imposible tarea de entrar al universo mental del autor que sería celebración pero a la vez maldición de la literatura argentina. (Recordemos: Piglia contribuyó, por pasión al principio, por encasillamiento después, al homenaje y el monolito, a la cita, la masificación y a la no lectura de Borges). Entonces, no me interesaban tanto sus ficciones o sus ensayos como sus seminarios. Él tampoco los incluía en la extensísima bibliografía de cátedra que nos dejaba, fotocopias rigurosas, en el CEFYL. Piglia, como Borges, pensaba y producía textos “traducibles”, aptos para el consumo fuera del territorio tanto geográfico como lingüístico. El objeto “Borges” de Piglia constituía entonces el motivo de aquellas jornadas que funcionaban como ensayos pero que tenían la estructura de la ficción. Y ya sabemos, Piglia no se cansó de validar este principio borgiano: la perfección en la construcción de la ficción constituía la medida de valor de la misma. De allí, la elección del género policial como máxima perfección formal. De allí también el género policial como estrategia de lectura y campo de debate de viejos temas dentro de la literatura argentina. Ni siquiera en aquellas disquisiciones que a veces podían resultar caprichosas había posibilidad de objeción: eran aplicables al objeto de su estudio no en relación a criterios de certeza o falsedad sino en modos que no respondían a causalidad o verosimilitud alguna sino a una razón lógica que se tensaba hasta rozar lo fantástico (herencia, por otro lado, de Poe, admirado por los dos). Piglia nunca tomó distancia, no se constituyó en un autor que independizándose de sus fuentes creara una versión propia de las mismas: no inventó un Carriego. Y esto lo pudo hacer por dos motivos: no fue formado en la Academia de Letras (era historiador) y los estudios sobre Borges hasta ese momento eran o académicos y previsibles, como podría ser el Borges de Sarlo, que seguía rigurosa y tediosamente los tópicos del escritor con las reglas del cánon. O los polémicos-sensuales de Viñas, que gambeteaba precisamente al cánon para irrumpir desde relaciones inesperadas. En algún punto, como alumna de entonces, y confieso que no era la única que tenía esa sensación, Piglia dictaba esos seminarios desde un sitio, si se quiere, anti académico (pese a sus denodados esfuerzos por considerarse como tal). Más como lector que fue deglutido por el personaje que como profesor que mantenía la distancia exigida. Su ubicación en la escena cultural argentina, por otro lado, actuaba tanto a favor como en contra: como Roberto Arlt, mantenía excelentes relaciones con el mercado editorial, fuente de masividad y popularidad, y a la vez, como Borges, dictaba clases y seminarios en la UBA y en diversas universidades de EEUU, donde entonces vivía la mitad del año. Prueba de esta doble posición fueron aquellos asistentes no-alumnos (tal vez las primeras diez filas de la enorme aula 108 donde dictaba sus seminarios), que venían a escucharlo como quien asiste a un espectáculo de su rockero preferido. Incluso, más de una vez, y con evidente desgano, tuvo que firmar y dedicar el último éxito de taquilla recién editado. Algo sencillamente impensado para ese monstruo que constituye el alumnado de Puán, siempre reacio a la masividad, a las traducciones populares, o “rebajadas”, de un saber que debía permanecer fiel a sus “inexplicables” procesos de creación. La única justificación posible, para mí, que cursaba en ambas carreras, es que Letras nunca fue Filosofía; la primera hacía concesiones; la segunda era implacable. Piglia, como Borges, fue deglutido después, casi como destino inexorable, por un populismo de izquierda que necesitaba, de forma vital, ídolos, héroes y autores que fortificaran un nacionalismo “para todos”. Ricardo Piglia, como J. L. Borges, fue citado hasta el cansancio. ¿Habrá sido 'realmente' leído?

viernes, 6 de enero de 2017

ALFONSINA, LA CIUDAD Y EL MAR

Voy a dormir

1.
En su juventud, mi abuelo frecuentó con fervor casi religioso la intensa vida nocturna de los años 20 en Buenos Aires. Sin embargo, nunca incursionó como creador en los territorios del arte o de la literatura. Era más bien un perseguidor de atmósferas libertinas, mezcla de bon vivant y bohemio, que detestaba el trabajo con la misma pasión que amaba el ocio, las fiestas y el juego (actitud en la que persistió bien entrado en la madurez). Él, como Roberto Arlt, esperaba el suceso extraordinario que lo libraría de horarios y esclavitudes laborales para así dedicar sus días, y sobre todo sus noches, a aquellos objetos de interés. Se embarcó, como el escritor, en diferentes proyectos, algunos descabellados, otros sorpresivamente redituables. Solía contarme, una y otra vez, anécdotas de la época dorada. Más que las letras o el periodismo, rondaba las luces del teatro. Pero fue en las tertulias literarias donde conoció a Alfonsina Storni. Sus recuerdos eran vagos y a la vez, puntuales, una mirada melancólica, cierta forma de vestir, esos detalles.



2.
Retorné a Mar del Plata luego de casi diez años de ausencia; la conocí en los primeros 80, cuando todavía quedaban rumores del esplendor de décadas pasadas. La ciudad, producto de la imaginación utópica de un patriciado sin linaje, se había instalado a lo largo del tiempo en el mito hedonista que conjugaba el placer y la sensualidad de cuerpos eternamente dorados con el mandato de la felicidad. Primero fue guarida de una clase en retirada; más tarde, espejo retrovisor de los vaivenes de un país que mientras conjuraba el tiempo y el espacio improductivos -ese vagabundeo aristocrático que ya empezaba a extrañar Borges en sus primeros libros de poemas-, organizaba el ocio y el tiempo libre de sus clases productivas más en función a sucesivos desmanejos y proyectos estrellados que a una planificación inteligente de sus recursos y posibilidades existenciales.  


3.
Mar del Plata no escapa a la actual planificación urbana global: mientras fuga la riqueza hacia zonas periféricas, deja en ese sitio tan significativo para la geometría y los sistemas de control a los trabajadores agremiados, precarizados y empobrecidos, que poco tienen que ver con la afluencia masiva de las décadas del 40 y 50. Peatonales como territorio de disputas, edificios degradados, paupérrimos espectáculos callejeros y otras formas de desamparo saturan la atmósfera central mientras que en la modernísima Güemes y alrededores los nombres y marcas se extranjerizan, la piel se blanquea y los tonos se tornan sutiles, regidos ahora por leyes transversales que generan zonas idénticas, trasplantadas y aplicadas como recetas, en todas las grandes metrópolis del mundo. El veraneo en Mar del Plata se quedó, ya desde hace un tiempo, sin relato propio. El nombre dejó de ser una marca (concepto tan caro para los gerenciadores urbanos), para requerir de coordenadas geográficas adicionales que actúen como contraseña y salvoconducto. Varese y las playas del Golf o la Bristol y la Popular: el mar tira los dados y decide la suerte de sus adoradores. Al fin de cuentas, en el azar se fundó la ciudad con su imponente casino, y es el azar, a decir de Martínez Estrada, el que organizó también los primeros tiempos de la nación. El azar y sus retornos.



4.
Que Alfonsina eligiera Mar del Plata como último destino y el mar como sepultura destroza, secretamente, el mito original y simboliza a la vez el catastrófico final de una época. La que por propio mecanismo fue eliminando a aquellos seres improductivos y malditos que aún persistían como residuos desechables. Entre ellos, los poetas líricos. Pero a la vez, la que se ensañaba también con los espacios y los tiempos que, frente a aquel mecanismo, iban quedando obsoletos o se tornaban poco redituables. Mar del Plata en la década del 30 se asentaba en ese cruce, entre los que todavía tenían tiempo para el ocio y las tareas del intelecto no remunerativas, con sus grandes villas veraniegas que irían transformándose, una a una, en las décadas siguientes (Victoria Ocampo y las reuniones de Sur en su bellísima mansión desmontable, de hierro y madera, traída de Inglaterra)  y el acecho de las nuevas clases que vendrían a invadirla organizadamente a través de sus estructuras laborales. Y que por supuesto, ya no podían leer poesía lírica. Y con el correr del tiempo, ni siquiera buena literatura. Baudelaire lo sufrió con la moderna París de Haussmann. De allí nació Las flores del mal, una refundación mítica de la ciudad a través de aquello que inexorablemente lo iba dejando de lado. En el último poema de Alfonsina, Voy a dormir, se entabla un diálogo con el (ya) único interlocutor posible, el mar eterno. En ambos casos, el cuerpo como ofrenda y sacrificio.



5.
Todas las mañanas y todas las tardes una paloma picotea la ventana del cuarto de hotel donde me hospedo. A veces, espía mi escritura y espera en el alfeizar, como si tuviera la certeza de que en algún momento la dejaré entrar. Otras, la domina la impaciencia y al tercer o cuarto golpeteo emprende vuelo. Para el relato conviene que sea la misma, pero no hay seguridad de ello. Todas las mañanas también, una procesión baja a las playas en un ritual que solo se suspende por mal tiempo. No hay dudas de que Alfonsina viajó por última vez a Mar del Plata en busca de esa comunión. Tampoco tengo dudas de que su compañero de tertulias, mi abuelo, aspiraba a la supremacía del instante por sobre cualquier mañana, un adverbio de tiempo que jamás le llamó la atención. En el cabaret, en el teatro itinerante, en las mesas de juego, en los cafetines devenidos redacciones de periódicos y revistas o en aquellos encuentros donde la lengua poética ejercía su reinado, había tal vez más posibilidades de comunidad que en ese afuera hostil que exigía y acorralaba, que excluía y eliminaba, que condenaba a soledades malditas y mortales. Mar del Plata quiso ser reducto y guarida pero fracasó en su intento: quedó devorada por la especulación y la desidia, como aniquilada quedó aquella generación, constructora y perseguidora de atmósferas salvadoras. Y claro, como Alfonsina en este mar eterno que precisamente hoy, cuando concluyo estas reflexiones, se agita en preciosas olas contra un cielo rabiosamente azul.


Texto y fotos: Zenda Liendivit (Mar del Plata / Enero 2017)