domingo, 19 de marzo de 2017

CURSO MAYO 2017 | LA CIUDAD MUNDIAL



Un recorrido visual y crítico por las grandes ciudades contemporáneas a través del arte, la arquitectura, la literatura, el urbanismo, las utopías y las corrientes de pensamiento. Sus transformaciones en el tiempo. La actualidad y el devenir. Un curso en tiempo real sobre qué está pasando en los centros mundiales y su relación con Buenos Aires. 


Docente: Arqta. Zenda Liendivit
Duración: 5 encuentros / Jueves 18 a 20 hs
Zona: Corrientes y Callao
Habrá café, refrigerios y, como siempre, obsequios de Contratiempo Ediciones.
Inicia en mayo. Inscripción previa. Cupos limitados
Consultas e Informes: revistacontratiempo@fibertel.com.ar



viernes, 10 de marzo de 2017

CRÍTICA Y CLÍNICA: LA GENTE EN LA CALLE

La gente en la calle

1. El lunes 6M fue glorioso: la marcha docente expresó con claridad meridiana y una praxis política envidiable, su ubicación geográfica dentro de la violenta cartografía política de este año. 


2. El martes 7M, una esplendorosa marcha convocada por la CGT donde se pudo palpar el espíritu de lucha, de organización, de fiesta, de obreros y trabajadores. Hubo dos planos, si quisiéramos utilizar lenguaje fílmico: el pulso en las calles, esquinas y avenidas, tomadas por asalto pacífico por parte de aquéllos, y el otro, la violencia en el palco y la intención de romper la convocatoria. Una doble traición, típica de la política, que demuestra una vez más que los obreros no interesan a cúpulas de ningún sector, ni de las centrales sindicales ni de las opositoras.


3. Y la de ayer, 8M, la mal llamada "marcha de mujeres", que puso en evidencia dos cosas: "las mujeres" como sujeto político no son suficientes para organizar un reclamo que resulte realmente significativo (digamos, que trascienda la anécdota de encontrarse y charlar con las amigas y adherirse a la lista mundial de países que "celebraron" el día). Se necesita de las muletas partidarias y gremiales, que si ayer no hubieran acudido al rescate, hoy estaríamos hablando de una batalla campal o de apenas un paseo por la plaza. Una bolsa de gatos, suele ser la expresión política pertinente. Elevaremos el discurso: un rejunte heterogéneo que será cooptado (si ya no lo está, solo que camuflado) por cualquiera que tenga lo que las dos marchas anteriores demostraron con comodidad: programas políticos, reclamos concretos, unidad en la lucha. Las tensiones evidentes durante la movilización, la violencia final, la represión y las detenciones posteriores, que opacaron el ya deslucido acto de ayer en cuanto a impronta política, no hacen otra cosa que poner las cosas, malamente, en su lugar: si van a declararse como partido político, que lo hagan cuanto antes. Honestidad política, eso es lo que les está faltando a estas "entusiastas mujeres", y esa carencia puede tener derivas insospechadas.



Tres marchas durante tres días seguidos con resultados diversos: de la alta intensidad de las primeras, a la anecdótica y pintoresca de la última. Demostraciones, sin embargo, que el pueblo en la calle siempre es mejor que si se queda mirando televisión, como preferiría el ministro Aranguren, quien solo acepta el reclamo organizado en el seno del Congreso. Habrá que ver cuáles serán las repercusiones. En principio, esperamos, como todo el mundo, el tan ansiado paro. 

martes, 28 de febrero de 2017

PUEBLADAS

Puebladas 
"Estos campos pertenecen a los fulanos, aquella estancia a mengano, los hijos de sutano se hicieron cargo de todo esto cuando sus padres fueron asesinados...", contaban los amabilísimos guías lugareños mientras señalaban el paisaje veloz que saturaba las ventanillas de verde y embriagaba de aire al fin puro a nuestros pulmones contaminados. Con la tranquilidad del baqueano, nos narraban crímenes, venganzas, accidentes y herencias, las grandes tramas, casi de telenovela colombiana, que envuelven a familias poderosas en pueblos pequeños. Y desfilaban los nombres de la alcurnia local, esos que, uno ya sabe, son los dueños de la tierra. Pero ¡cuánto choca ver esa exuberancia, esas extensiones eternas y prósperas reducidas a apenas un apellido! Para nosotros, tan capitalinos, tan ensimismados en marchas, paros, decretos, virulencias verbales y agendas rigurosamente vigiladas para direccionar el pensamiento y entretener el presente, aquel esplendor nos conmovía y a la vez, aletargaba, como el calor que casi me hace caer al piso el domingo al mediodía, en el hermoso Uribelarrea. Andábamos por la opulenta Cañuelas; por Lobos y su popular laguna, allí donde se recrean los juegos y estrategias de la infancia y de la pobreza; pasamos por el chato Navarro y enfilamos hacia Mercedes y su satélite Tomás Jofré, un pueblito de 70 habitantes con feria de antigüedades y gastronomía de paladares exigentes y precios también para pocos. La escala en Lobos fue obligada: la casa natal de Perón, el museo con recreación de mobiliarios y momentos memorables (pobre, para la historia inmensa que encierra su nombre) y una plaqueta que nos llamó la atención: fue donada en 2002 por el entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, y reproducía las palabras del líder, fechadas en 1973: “Yo quiero que todos los argentinos sepan que nuestro movimiento no es sectario, ni es excluyente. Todo el que ha querido llegar a nuestro movimiento ha llegado y ha tenido el mismo derecho que todos los demás. En los movimientos sirven no solo los de la primera hora sino los de todas las horas…” ¡Qué necesarias para los tiempos que corren!



















Fotos: Cañuelas / Lobos: Casa de Perón y Laguna / Uribelarrea / Mercedes / Tomás Jofré
(Z.L. Febrero 2017)

jueves, 16 de febrero de 2017

REVISTA CONTRATIEMPO ACTUALIZADA




Revista Contratiempo (2° etapa)

1) Disparen sobre el machismo, ¿resguarden al neoliberalismo? / Nota
Textos reunidos:
Nadie menos: la sagrada comunión
La mujer que acaba de romper el jarrón
El cuerpo del delito
Susana Chávez Castillo: militante y artista

2) Frontera, inmigración y fracaso / Nota Editorial
Textos varios 

3) Novedades audiovisuales:
Un relato de ciencia ficción llevado al cine.(en construcción)
Vanguardias (cortos / próximamente)

4) Vecindades: a partir de ahora se incluirán notas, ensayos, videos de
otros sitios que tengan relación con lo que estamos pensando.
Esta vez :
Muertes en el Mediterráneo (video, EuroNews)
Los youtubers (Cultura colectiva)
Los que imaginaron un futuro fascista (The Guardian)

5) ETC.

domingo, 22 de enero de 2017

ÚLTIMA FILA / RICARDO PIGLIA EN FILOSOFÍA Y LETRAS

Última fila
Ricardo Piglia en la Facultad de Filosofía y Letras durante la década del 90

Ni un panegírico, ni un recuerdo lacrimógeno frente a la ausencia irreparable; tampoco, anécdotas inolvidables de los años de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras; ni un análisis crítico de su obra. Será, o seré, algo así como una intermediación entre la figura de Ricardo Piglia como profesor y lo que creí percibir de sus seminarios dictados en Puán. Y que más adelante, casi diez años después, influirían de manera muy tangencial en mis propios libros sobre Borges y Roberto Arlt. Entonces, las vecindades de una escritura. 
Piglia no era Viñas, aunque ambos merodearan territorios parecidos más o menos por la misma época. Viñas hablaba y la palabra se encarnaba en el verbo, rastreando líneas de fuga hacia parentescos y linajes, así de la literatura argentina y su relación con la política, como del mismo lenguaje que se emancipaba de su carácter utilitario, liberándolo siempre hacia derivas insospechadas: Viñas contragolpeaba la lengua hasta hacerle confesar su funcionalidad al poder, no solo político y comunicacional sino, y principalmente, aquel que trazaba los límites de lo pensable a fuerza de cánones y dogmas. En sus clases, nos hacía respirar la atmósfera no de las orillas de Borges o de la ciudad maldita de Arlt sino de la impronta de su mirada sobre ellas a través una artificiosidad que lindaba con la puesta en escena. Viñas era Viñas antes que cualquiera de sus programas académicos. Ricardo Piglia, en cambio, se fusionaba con el objeto de su deseo. Había adoptado el método, la mirada, el engarce, la ubicación y la distancia del escritor enseñado (porque Borges era eso, enseñado y enseñable) y a la vez, exhibía cierto regodeo en esta mímesis, como si un hombre, al fin el hombre, hubiera logrado la imposible tarea de entrar al universo mental del autor que sería celebración pero a la vez maldición de la literatura argentina. (Recordemos: Piglia contribuyó, por pasión al principio, por encasillamiento después, al homenaje y el monolito, a la cita, la masificación y a la no lectura de Borges). Entonces, no me interesaban tanto sus ficciones o sus ensayos como sus seminarios. Él tampoco los incluía en la extensísima bibliografía de cátedra que nos dejaba, fotocopias rigurosas, en el CEFYL. Piglia, como Borges, pensaba y producía textos “traducibles”, aptos para el consumo fuera del territorio tanto geográfico como lingüístico. El objeto “Borges” de Piglia constituía entonces el motivo de aquellas jornadas que funcionaban como ensayos pero que tenían la estructura de la ficción. Y ya sabemos, Piglia no se cansó de validar este principio borgiano: la perfección en la construcción de la ficción constituía la medida de valor de la misma. De allí, la elección del género policial como máxima perfección formal. De allí también el género policial como estrategia de lectura y campo de debate de viejos temas dentro de la literatura argentina. Ni siquiera en aquellas disquisiciones que a veces podían resultar caprichosas había posibilidad de objeción: eran aplicables al objeto de su estudio no en relación a criterios de certeza o falsedad sino en modos que no respondían a causalidad o verosimilitud alguna sino a una razón lógica que se tensaba hasta rozar lo fantástico (herencia, por otro lado, de Poe, admirado por los dos). Piglia nunca tomó distancia, no se constituyó en un autor que independizándose de sus fuentes creara una versión propia de las mismas: no inventó un Carriego. Y esto lo pudo hacer por dos motivos: no fue formado en la Academia de Letras (era historiador) y los estudios sobre Borges hasta ese momento eran o académicos y previsibles, como podría ser el Borges de Sarlo, que seguía rigurosa y tediosamente los tópicos del escritor con las reglas del cánon. O los polémicos-sensuales de Viñas, que gambeteaba precisamente al cánon para irrumpir desde relaciones inesperadas. En algún punto, como alumna de entonces, y confieso que no era la única que tenía esa sensación, Piglia dictaba esos seminarios desde un sitio, si se quiere, anti académico (pese a sus denodados esfuerzos por considerarse como tal). Más como lector que fue deglutido por el personaje que como profesor que mantenía la distancia exigida. Su ubicación en la escena cultural argentina, por otro lado, actuaba tanto a favor como en contra: como Roberto Arlt, mantenía excelentes relaciones con el mercado editorial, fuente de masividad y popularidad, y a la vez, como Borges, dictaba clases y seminarios en la UBA y en diversas universidades de EEUU, donde entonces vivía la mitad del año. Prueba de esta doble posición fueron aquellos asistentes no-alumnos (tal vez las primeras diez filas de la enorme aula 108 donde dictaba sus seminarios), que venían a escucharlo como quien asiste a un espectáculo de su rockero preferido. Incluso, más de una vez, y con evidente desgano, tuvo que firmar y dedicar el último éxito de taquilla recién editado. Algo sencillamente impensado para ese monstruo que constituye el alumnado de Puán, siempre reacio a la masividad, a las traducciones populares, o “rebajadas”, de un saber que debía permanecer fiel a sus “inexplicables” procesos de creación. La única justificación posible, para mí, que cursaba en ambas carreras, es que Letras nunca fue Filosofía; la primera hacía concesiones; la segunda era implacable. Piglia, como Borges, fue deglutido después, casi como destino inexorable, por un populismo de izquierda que necesitaba, de forma vital, ídolos, héroes y autores que fortificaran un nacionalismo “para todos”. Ricardo Piglia, como J. L. Borges, fue citado hasta el cansancio. ¿Habrá sido 'realmente' leído?

viernes, 6 de enero de 2017

ALFONSINA, LA CIUDAD Y EL MAR

Voy a dormir

1.
En su juventud, mi abuelo frecuentó con fervor casi religioso la intensa vida nocturna de los años 20 en Buenos Aires. Sin embargo, nunca incursionó como creador en los territorios del arte o de la literatura. Era más bien un perseguidor de atmósferas libertinas, mezcla de bon vivant y bohemio, que detestaba el trabajo con la misma pasión que amaba el ocio, las fiestas y el juego (actitud en la que persistió bien entrado en la madurez). Él, como Roberto Arlt, esperaba el suceso extraordinario que lo libraría de horarios y esclavitudes laborales para así dedicar sus días, y sobre todo sus noches, a aquellos objetos de interés. Se embarcó, como el escritor, en diferentes proyectos, algunos descabellados, otros sorpresivamente redituables. Solía contarme, una y otra vez, anécdotas de la época dorada. Más que las letras o el periodismo, rondaba las luces del teatro. Pero fue en las tertulias literarias donde conoció a Alfonsina Storni. Sus recuerdos eran vagos y a la vez, puntuales, una mirada melancólica, cierta forma de vestir, esos detalles.



2.
Retorné a Mar del Plata luego de casi diez años de ausencia; la conocí en los primeros 80, cuando todavía quedaban rumores del esplendor de décadas pasadas. La ciudad, producto de la imaginación utópica de un patriciado sin linaje, se había instalado a lo largo del tiempo en el mito hedonista que conjugaba el placer y la sensualidad de cuerpos eternamente dorados con el mandato de la felicidad. Primero fue guarida de una clase en retirada; más tarde, espejo retrovisor de los vaivenes de un país que mientras conjuraba el tiempo y el espacio improductivos -ese vagabundeo aristocrático que ya empezaba a extrañar Borges en sus primeros libros de poemas-, organizaba el ocio y el tiempo libre de sus clases productivas más en función a sucesivos desmanejos y proyectos estrellados que a una planificación inteligente de sus recursos y posibilidades existenciales.  


3.
Mar del Plata no escapa a la actual planificación urbana global: mientras fuga la riqueza hacia zonas periféricas, deja en ese sitio tan significativo para la geometría y los sistemas de control a los trabajadores agremiados, precarizados y empobrecidos, que poco tienen que ver con la afluencia masiva de las décadas del 40 y 50. Peatonales como territorio de disputas, edificios degradados, paupérrimos espectáculos callejeros y otras formas de desamparo saturan la atmósfera central mientras que en la modernísima Güemes y alrededores los nombres y marcas se extranjerizan, la piel se blanquea y los tonos se tornan sutiles, regidos ahora por leyes transversales que generan zonas idénticas, trasplantadas y aplicadas como recetas, en todas las grandes metrópolis del mundo. El veraneo en Mar del Plata se quedó, ya desde hace un tiempo, sin relato propio. El nombre dejó de ser una marca (concepto tan caro para los gerenciadores urbanos), para requerir de coordenadas geográficas adicionales que actúen como contraseña y salvoconducto. Varese y las playas del Golf o la Bristol y la Popular: el mar tira los dados y decide la suerte de sus adoradores. Al fin de cuentas, en el azar se fundó la ciudad con su imponente casino, y es el azar, a decir de Martínez Estrada, el que organizó también los primeros tiempos de la nación. El azar y sus retornos.



4.
Que Alfonsina eligiera Mar del Plata como último destino y el mar como sepultura destroza, secretamente, el mito original y simboliza a la vez el catastrófico final de una época. La que por propio mecanismo fue eliminando a aquellos seres improductivos y malditos que aún persistían como residuos desechables. Entre ellos, los poetas líricos. Pero a la vez, la que se ensañaba también con los espacios y los tiempos que, frente a aquel mecanismo, iban quedando obsoletos o se tornaban poco redituables. Mar del Plata en la década del 30 se asentaba en ese cruce, entre los que todavía tenían tiempo para el ocio y las tareas del intelecto no remunerativas, con sus grandes villas veraniegas que irían transformándose, una a una, en las décadas siguientes (Victoria Ocampo y las reuniones de Sur en su bellísima mansión desmontable, de hierro y madera, traída de Inglaterra)  y el acecho de las nuevas clases que vendrían a invadirla organizadamente a través de sus estructuras laborales. Y que por supuesto, ya no podían leer poesía lírica. Y con el correr del tiempo, ni siquiera buena literatura. Baudelaire lo sufrió con la moderna París de Haussmann. De allí nació Las flores del mal, una refundación mítica de la ciudad a través de aquello que inexorablemente lo iba dejando de lado. En el último poema de Alfonsina, Voy a dormir, se entabla un diálogo con el (ya) único interlocutor posible, el mar eterno. En ambos casos, el cuerpo como ofrenda y sacrificio.



5.
Todas las mañanas y todas las tardes una paloma picotea la ventana del cuarto de hotel donde me hospedo. A veces, espía mi escritura y espera en el alfeizar, como si tuviera la certeza de que en algún momento la dejaré entrar. Otras, la domina la impaciencia y al tercer o cuarto golpeteo emprende vuelo. Para el relato conviene que sea la misma, pero no hay seguridad de ello. Todas las mañanas también, una procesión baja a las playas en un ritual que solo se suspende por mal tiempo. No hay dudas de que Alfonsina viajó por última vez a Mar del Plata en busca de esa comunión. Tampoco tengo dudas de que su compañero de tertulias, mi abuelo, aspiraba a la supremacía del instante por sobre cualquier mañana, un adverbio de tiempo que jamás le llamó la atención. En el cabaret, en el teatro itinerante, en las mesas de juego, en los cafetines devenidos redacciones de periódicos y revistas o en aquellos encuentros donde la lengua poética ejercía su reinado, había tal vez más posibilidades de comunidad que en ese afuera hostil que exigía y acorralaba, que excluía y eliminaba, que condenaba a soledades malditas y mortales. Mar del Plata quiso ser reducto y guarida pero fracasó en su intento: quedó devorada por la especulación y la desidia, como aniquilada quedó aquella generación, constructora y perseguidora de atmósferas salvadoras. Y claro, como Alfonsina en este mar eterno que precisamente hoy, cuando concluyo estas reflexiones, se agita en preciosas olas contra un cielo rabiosamente azul.


Texto y fotos: Zenda Liendivit (Mar del Plata / Enero 2017)

viernes, 30 de diciembre de 2016

INFIERNO

Infierno


La tarde venía extraña, lo intuía, no solo por el calor agobiante, casi desesperante: la atmósfera se respiraba espesa, pero desde hacía unos años diciembre venía enrarecido, tal vez desde 2001. Un mes que tiñe de muertos la ciudad no suele ser fácilmente reversible en el tiempo, como si  la sangre insistiera, se hundiera en calzadas, veredas, muros, y aunque se tornara invisible, allí está, permanece, como esas cicatrices en el cuerpo que recién con el tiempo se van atenuando. Y a veces, ni eso. Un cuerpo cicatrizado habla más que cualquier discurso reservado para los libros de historia, o para las efemérides utilitarias de los medios de comunicación. Cuerpo incrustado en el ulular enloquecido de sirenas: algo está pasando, pensé entonces, un bloque sonoro, homogéneo, que no daba tregua ni resquicio y así la noche se iba incrustando también  en ese sonido ininterrumpido que jamás trae nada bueno, como el teléfono que suena a la madrugada, que horada y aturde, un gran incendio, supuse, uno de grandes proporciones. El calor asfixiaba premonitorio, la cabeza me estallaba, maldito verano, pensé como pienso siempre que empieza el verano, cuando la ciudad arde naturalmente, y la gente huye como si viniera la peste, a las playas, a las sierras, a donde sea, una plaga de temperaturas inhumanas, fetidez de cemento humeante, efluvios y tráfico enloquecido. La ciudad ardía y a alguna hora, mi cerebro también, pide tregua, se recuesta y escucho a lo lejos el trajinar típico de una casa que se prepara para la cena y cerca, ese ulular continuo, como si se hubiera estampado en el cerebro y ahora lo acorralaba, lo urgía a que despierte. Me resisto entonces, cierro los ojos para conjurar el dolor que me había bajado a la nuca, a la frente, y que tan bien conocía, inmune a cualquier farmacopea. No había redes sociales entonces, ni selfies, ni estados de ánimo ventilados al infinito, ni voces desesperadas de soledad que conjuran en forma continuada, como bloques compactos, al silencio, incluso, a la discreción y a la distancia. Despertate, escuchaba ya no a lo lejos sino desde adentro, desde ese cerebro acorralado que se rebelaba al dolor pero también al sonido siniestro que no cesaba, como esos autos que olvidan la alarma justo enfrente de tu ventana y suenan toda la noche. Abro los ojos, enciendo la televisión, la pantalla me da el tiro de gracia, alguien está haciendo tarta y me llega el olor, manoteo el control para apagar la luminosidad siniestra que se entabla con la pieza en penumbras. Tarde. El zócalo de Crónica, el único canal que informó durante horas en vivo y en directo, variaba el número cada segundo, el número, porque en ese momento era un número que crecía, en título catástrofe, bien al estilo Crónica, de muertos. El infierno había fijado domicilio temporal en pleno corazón de Buenos Aires y extendía rápidamente sus dominios: mientras incineraba muros y cuerpos en una masa amorfa y humeante de un boliche de Once, también iba tras  políticos, empresarios y gobernantes, que huían desesperados, como si efectivamente hubieran visto al mismo diablo. 

martes, 27 de diciembre de 2016

2017

2017

Ya fuimos anticipando en estos últimos días que habrá cambios en Contratiempo. Fueron años de intenso trabajo, intelectual, docente, editorial, periodístico. Hermosos y trágicos 16 años en los que el mundo cambió a velocidades impensadas: empezamos en un caótico noviembre de 2000, que ya avecinaba el derrumbe del año siguiente, y llegamos hasta hoy. Se nos fueron para siempre amigos entrañables; hubo catástrofes de las que aún quedan heridas sangrantes; gobiernos que nos empobrecieron culturalmente o que dejaron en la calle, de un día para otro, a miles de trabajadores. Esto sin contar el panorama mundial, donde hubo un inexorable avance de fascismos en diferentes formatos y con inesperados aliados. Pero también hubo instantes maravillosos, de creación, de pensamiento, de diálogo. Publicamos siete números digitales, 4 números impresos, incontables libros; publicamos "Morticia", nuestro periódico de actualidad y cultura de existencia efímera, surgido en aquel también desastroso 2008. Hubo cursos, jornadas, encuentros. Hubo afinidades y sensibilidades compartidas, algunos destellos de comunión. Hubo búsquedas incansables de nuevas atmósferas, alejadas de una realidad en la que, lo confesamos, nunca nos sentimos cómodos. Por eso nosotros nos volvimos incómodos. Allí está, y estuvo, la gran diferencia con el resto de la escena cultural argentina: la no conciliación, la independencia a ultranza, el espíritu díscolo, polémico siempre, sea quien fuera el poder de turno. Sobre todo, cuando en nombre del siempre prestigioso resguardo de la cultura intuíamos se agazapaban tropelías varias, negociados y clientelismos, una feroz instrumentalización de aquello que es constitutivo del espíritu y no de cálculos o intereses privados. Y principalmente, un trabajo de empobrecimiento que aspira siempre a un analfabetismo ilustrado a fin de sostener una chatura domesticable. Esta fue nuestra principal crítica a los doce años de un gobierno que se pretendía progresista. 
Etapa esta, decíamos, que se va cerrando. Vendrán nuevas formas, nuevos proyectos, nuevas ideas. A lo que difícilmente renunciaremos, Dios mediante, es a pensar y producir: es parte de nuestra biografía. O mejor dicho, de nuestro proceso vital. 
A todos los amigos, colaboradores, lectores, alumnos, instituciones, empresas y gente que pasaba por ahí, ¡nuestros mejores deseos para 2017! ¡Y muchas gracias por la imprescindible compañía!


(Foto: mural de una calle de San Telmo)

lunes, 26 de diciembre de 2016

PENSAR OCCIDENTE EN FORMATO DIGITAL

PENSAR OCCIDENTE EN VERSIÓN DIGITAL
Ya está en versión digital el Número 4 de Revista Contratiempo (impresa), "Pensar Occidente". Se accede al mismo a través de este enlace:
http://issuu.com/revistacontratiempo/docs/revista_contratiempo_4


Realización digital: RODRIGO MIRRA

miércoles, 21 de diciembre de 2016

PROMOCIONES VERANO 2016/17 DE CONTRATIEMPO EDICIONES

Promociones de verano 2016/17
de Contratiempo Ediciones

Como es habitual, a fin de año llegan las promociones de nuestra editorial. En este caso se trata de cinco libros, a elección (al final van las fotos de los mismos), a un precio de $500 el pack (si se elige uno solo, el precio es de $120,00). 

Si se opta por el pack, y se está en Capital Federal, la entrega es a domicilio. De lo contrario (para los lectores que opten por un solo libro o estén en el interior y exterior), el envío es por correo y se incluirán gastos de envío. 

Para datos sobre los libros, escribir a la redacción y enviamos las sinopsis. 

La oferta es exclusivamente hasta el 31 de enero. 
Después de dicha fecha, los precios serán los de nuestros canales de distribución (librerías y ML)












Más datos: 



jueves, 15 de diciembre de 2016

NOVEDADES / EL COMIENZO DE LO TERRIBLE

El comienzo de lo terrible
Ensayo sobre la belleza a través de la experiencia estética del viaje
Este ensayo fue escrito en 1993 a raíz de una travesía que había empezado en los Valles Calchaquíes, en la provincia de Tucumán, y terminado en la ciudadela de Machu Picchu. Años después, retorné al norte argentino, a Bolivia, a Perú; también incursioné en territorios mayas, aztecas y otras culturas precolombinas de México y Guatemala. Los ‘90 estuvieron marcados por estos viajes, que íntimamente intentaban contrarrestar los efectos de un feroz neoliberalismo que se enseñoreó sobre el país durante esa década. Pero, tal vez, la búsqueda no fue solo de territorios ajenos a aquella atmósfera de festividad mortuoria que minaba, con precisión quirúrgica e incontables aliados, los espacios del pensamiento y de la creación. Tal vez, y lo pienso ahora a una distancia de más de veinte años, fue el deseo de reflexionar sobre la época moderna con otros elementos. Elementos vitales desterrados de ésta pero que sin embargo pervivían en el presente. El encuentro con esa belleza de la ajenidad también me abrió las puertas a lo terrible que ella entraña.
Esta edición tuvo pocas correcciones con relación al texto original. La autora en la que me convertí después sólo se limitó a observar a la que estaba en sus inicios. Publicarlo hoy también responde a la relación especular entre aquella década y la actualidad. Un espejo donde se avizora un retorno peligroso.


Zenda Liendivit / Noviembre 2016

(Prólogo a la 1° Edición / Contratiempo Ediciones, Diciembre 2016)

lunes, 5 de diciembre de 2016

IMAGINACIÓN Y PODER



NOTA EDITORIAL 16 AÑOS REVISTA CONTRATIEMPO
Imaginación y poder

Cumplimos 16 en un año harto difícil. Un año en el que el mundo cambió de manera tan abrupta que todavía persiste el mareo y cierta piadosa incredulidad. Año marcado por el fortalecimiento de pavorosos fascismos, de feroces xenofobias, expresados con un brutalismo que parecía ya desterrado. Año desesperanzado para millones de modernos bárbaros, refundados como material de descarte, que pagan con el propio cuerpo el fin de fiesta de otros. Año desangelado también para quienes la vida, la sangre, los órganos, están abocados a la tarea del pensamiento, del arte, de la creación. Para quienes la cultura constituye parte de la biografía y no mero accesorio o coto de caza, según soplen los vientos. Al desierto que crecía de Nietzsche habría que darle una vuelta de tuerca: ya cosechó, en esa desalentadora aridez, sus frutos más nocivos, sus perversas estrategias de producción, su extensión en el espacio y sobre todo, en el tiempo. 

La Argentina transita este nefasto itinerario mundial: luego de largos años en los que el país fue tratado y maltratado como un feudo, con patrones y patroncitos de estancia que se repartían riquezas, materiales y espirituales, como si el Estado fuera una propiedad privada, le sucedió una corporación que si bien tiene en claro que el país no le pertenece, lo gerencia y lo sostiene con las tropelías propias de todo neoliberalismo que llega hasta sus límites más extremos: despidos masivos, encarcelamientos inocentes, balas contra niños y trabajadores, indigencia en ascenso, exclusiones y darwinismos varios. Así empezó el año, así continuó, así está concluyendo. 

¿Insistir con que el problema es cultural? ¿Qué años de populismo de izquierda, de mantener a las capas menos favorecidas en un analfabetismo conveniente derivó en el portazo de estas en pos de fuegos artificiales? ¿Que se tuvo la oportunidad histórica, y desperdiciada, de elevar la educación, el pensamiento crítico, el espíritu, para precisamente no quedar a merced de vendedores de ilusiones? ¿Para qué? Es parte de la religión. Bien conocemos la dificultad de ir contra dogmas sólidamente instalados. Contra dioses y padres redentores. Contra la maldita política cuando tiene al hombre fuera de sus horizontes. Contra la nueva cultura del eslogan, que actúa sobre las conciencias con la perseverancia de la gota de agua que horada la roca y termina convirtiéndose en verdad agujereada. 

Año de bajísima capacidad crítica (corolario previsible de los anteriores) y altísimo nivel de estupidez. Año de una creciente hollywoodización de la vida cotidiana; con multitudes hablando solas frente a pantallas que prometen fama instantánea y resarcimientos materiales y espirituales, ya fuera para vender un libro, convocar a una marcha, votar al candidato sonriente o exaltar la autoestima cada vez más deteriorada en la vida real. 

Año de humillados. Año humillado. Año de revanchismos, contra “los hombres”, contra los inmigrantes, contra los trabajadores, contra el pasado, contra el otro.  

Época que nos obliga a imaginar utopías poderosas, a pensar estrategias de supervivencia. Imaginación y poder como objetivos, entonces, que impulsen a la creación de nuevas formas: de pensar, de hablar, de producir, de crear. Hay que fundar atmósferas nuevas, suelos fértiles, palabras vivas. Restituirle a la gramática su carácter transgresor, por fuera del palabrerío que repite libretos y fórmulas, conceptos fosilizados que desconocen su propio anacronismo y que actúan como tranquilizador de conciencias mientras perpetúan un mismo estado de cosas. De un extremo al otro. Época que urge el parricidio. 

Pero no estamos solos. Nos acompañan los amigos, los colaboradores, las nuevas generaciones, los lectores que cada día crecen, afortunada y silenciosamente, en número y en diálogo. Sin ellos y sin aquellos objetivos, ¿qué sentido tendría hoy una revista de cultura como Contratiempo? Ninguno. A todos ellos, los actuales y los por venir: ¡Muchas gracias por estos 16 años!

Al sitio de Revista Contratiempo
http://www.revistacontratiempo.com.ar


jueves, 24 de noviembre de 2016

NOVEDADES LIBROS / EL COMIENZO DE LO TERRIBLE

El comienzo de lo terrible.

Un ensayo sobre la belleza

Un malestar, un viaje, los años 90; un manuscrito hallado veinte años después; y un diálogo que se entabla entre el pasado (tanto de esa escritura como del tiempo narrado) y el presente, constituyen la materia de este nuevo libro de Zenda Liendivit. El texto va construyendo una red en la que la autora-personaje queda atrapada. Pero lo aterrador no es esta estructura inestable, que adopta la forma de su presa, sino la certeza que ella teje entre sus nudos. O, mejor dicho, lo que ella deja afuera. El comienzo de lo terrible, que funde la reflexión filosófica con la crónica de viaje, constituye la búsqueda errante de la belleza y la inscripción en el cuerpo, orgánico y lingüístico, de sus efectos abismales. Un viaje sin retorno posible; un inicio que solo puede vislumbrarse al final. Del viaje y del ensayo.

"El comienzo de lo terrible. Ensayo sobre la belleza a través de la experiencia estética del viaje", de Zenda Liendivit. Editado por Contratiempo Ediciones, Noviembre 2016

miércoles, 19 de octubre de 2016

NADIE MENOS: LA SAGRADA COMUNIÓN

Nadie menos: La sagrada comunión

Coberturas sensacionalistas, el morro y la selfie, las caritas jóvenes (la mayoría), que acrecientan el morbo, las discusiones sobre vestimentas y costumbres, el despliegue interminable y efímero del último crimen en los medios de comunicación, viralizado en las redes hasta la saturación, que tapan lo que repta por abajo. Cuestiones-raíces, que van perforando la tierra, hacia arriba, hacia los costados, raíces subterráneas y mortíferas. Alimentar esa savia envenenada con estas parcelas, con estos despliegues periodísticos, con estas “concientizaciones”, con esto de “por ser mujer”, con esto de hombres-monstruos que pueden caminar atrás, o al costado, jamás a la par, parece el objetivo de un sistema que necesita atenciones desviadas, dramas taquilleros, ficciones bien armadas, que nos absorben los días y las mentes. Sexo, juventud y sadismo. ¿Qué podría salir mal en estos modernos thrillers fundados en la vida real? Hoy el machismo es la causa de todos los males, y “la mujer”, la que siempre participó activamente en la construcción del mismo, se tornó en víctima. Eso no es ficción, claro está. El grave problema de este voluntarismo organizado en multitudes es su falta de una auténtica discusión política. Discusión política y filosófica, indagación sobre esas raíces necrófilas que crecen subterráneas y que, muchas veces, las tienen a ellas como sus frutos más jugosos. La crítica como praxis y la praxis como resultado de la crítica. Mujeres emancipadas, liberadas, productos de un sistema que decidió virar el rumbo y las sacó de la casa y los platos y las lanzó al mercado laboral, dejando un tendal de hombres criados a la vieja usanza. La mujer, hoy en día, sirve más como consumidora que como procreadora y cuidadora de hijos. Sirve más con su imagen proactiva, inspiracional, independiente y vociferante, reclamando “su” lugar en el mundo (recordar los discursos de Michelle Obama y cuanta primera dama nos visita últimamente). Como si ese lugar fuera muy diferente a tantos otros esclavizados y manipulados, destrozados y torturados por un dispositivo que instrumentaliza cuerpos como si fueran mercancías. Sirve. No hay asomo de idea revulsiva o realmente contestataria en estas manifestaciones de “mujeres” hartas de los hombres homicidas. No hay planteos, por ejemplo, de construir comunidades para enfrentar al verdadero monstruo de raíces subterráneas. Al fin y al cabo, nadie nunca logró detener un crimen, una injusticia, nadie consiguió una reivindicación sin un programa político, sin un objetivo en común. Común, que deriva, precisamente, de comunidad. De comunidad de intereses. En este caso, el de la supervivencia, el acrecentamiento vital, el desarrollo de las más elevadas formas de vida que no acepta distinciones. Excluir es y será siempre un debilitamiento: quedamos servidos en bandeja para el próximo banquete fáustico de aquellos poderes que hoy se metamorfosean con el riguroso negro de la protesta.

martes, 18 de octubre de 2016

PERSECUCIÓN A UNA EDITORIAL

El problema de ser (verdaderamente) independientes
Espíritu de revancha, oportunismo político o la quinta pata al gato: en fin, vaya a saber qué les mueve a ciertos poderes para seguir hostigando a nuestra Editorial. Ya avisamos a nuestros "apretadores", que fueron muchos este año, que próximamente haríamos pública, con solicitada incluida, la detallada historia de esta persecución ideológica. Y no nos estamos victimizando. Es la realidad que nos alcanza. Pero lejos de mantenernos callados, vamos a hacer uso (y abuso) de nuestro derecho a réplica. En tribunales y en los medios de comunicación. Quedan todos avisados.



jueves, 13 de octubre de 2016

BOB DYLAN Y LOS REVULSIVOS AÑOS 60


Bob Dylan nos recordó la exposición que vimos este año en el MoMa, ese museo díscolo en pleno corazón de Manhattan, oasis atrapado entre los rascacielos poderosos de la 6 Av. Se trataba de la década del '60, sus manifestaciones y convulsiones. Lo que nos lleva a varias interrogantes: ¿cuáles son, en la actualidad, las formas estéticas del arte en su carácter revulsivo? ¿Se volvió el arte tan complaciente que cada gesto se convierte, casi en forma inmediata, en su contrario? ¿Perdió el arte, definitivamente, aquéllo que lo definía de manera 'esencial'? ¿Quedó como elemento decorativo de una burguesía cada vez más satisfecha que lava malas conciencias y especula e invierte a futuro? Y en última instancia, ¿dónde encontramos arte y experiencia estética en un mundo que hizo de la mercancía, incluidos nosotros mismos, su razón de ser? Preguntas sin respuestas, todavía (estamos en esas búsquedas). Aquí, algunas cosas que vimos en el MoMa:

 





Fotos: Exposición "Desde 1960-1969" / MoMA (Mayo 2016)
Zenda Liendivit