sábado, 3 de junio de 2023

ÚLTIMAS ASUNCENAS

 Últimas asuncenas 


1.    No sé en qué momento me volví porteña. Porteña, no argentina. No es lo mismo. Aquí coincido con los rabiosos lanzallamas de Arlt, o con los protagonistas de Berlín Alexanderplatz: la ciudad atraviesa, identifica, define de algún modo; el país ya es algo más relativo, demasiado amplio, a veces, ambiguo. De allí el gran poder de toda metrópolis.

2.    Pero porteña sin dejar de ser asuncena. ¿Será posible?
Estoy haciendo fotos frente al Palacio de Gobierno. Pregunto al oficial hasta dónde puedo entrar. Me dice que solo desde la vereda. Ok. Será desde la vereda. Se acerca entonces una pareja. Pregunta si pueden acceder al Palacio. La guardia le dice que no. Y allí sale el porteño al que no queremos encontrar en ningún viaje: “Ah, pero nosotros allá podemos entrar a la Casa Rosada y recorrerla sin restricciones, bla bla bla”. El guardia los mira con cierta ironía: “Argentinos, ¿no?”, pregunta.

3.    “Y Ud. ¿por qué viaja sola?”, me increpa un hombre en la calle, justo frente a la Catedral de Asunción, después de indagar sobre mis actividades fotográficas. Hombre humilde, anciano. Otra época. Pero no el único: viajar sola todavía, y no solo en Paraguay, es motivo de ciertas sospechas. “¡¿Tenés un hijo de 30 años?!”, pregunta sorprendido un conserje del hotel donde me hospedo. “Pero entonces ya tendrías que ser abuela. ¿Acaso no querés ser abuela?”,  lanza casi como un reproche frente al mandato incumplido. Y el acoso y la perorata sigue. Eso sí, antes me había enviado su whatsapp privado por si quería compañía. 

4.    La cosa cambia cuando el nivel cultural asciende. Brecha gigantesca. En las reuniones y encuentros que tuve con gente de instituciones, el machismo es cosa del pasado. La educación, cierto tipo de educación para la no violencia, garantizada para todos desde la infancia, es la única vía posible para la erradicación de este flagelo. Y no los berrinches ni las imposiciones.

5.    Última tarde. Barrio Ricardo Brugada, la “Chacarita”. La gran deuda interna de Asunción.













Fotos: Z.L.

lunes, 29 de mayo de 2023

REFUNDAR EL CENTRO DE ASUNCIÓN

Refundar el centro de Asunción

El centro está muerto. Me lo dijeron ni bien puse un pié en la capital del Paraguay después de diez años de ausencia: tradicionales negocios cerrados, poquísimo tránsito peatonal, edificios derruidos, como si hubieran sobrevivido a un incendio, y traslado de las principales funciones públicas y privadas hacia otras zonas. Imagen desoladora de un espacio fundacional tan significativo para la memoria de un pueblo. Porque la identidad de una ciudad radica en el pasado, que pervive en construcciones, costumbres e íconos. Toda capital es productora de símbolos y a la vez, constituye el resguardo de los bienes intangibles de una nación (de allí la estupidez pragmática de aquellos que acusan a Buenos Aires de “no producir nada”). Desde ese sitio, dialoga con el resto de las grandes ciudades y a la vez, se nutre de ellas. La preservación de la historia es esencial, aunque para ello se deba enfrentar a los espurios intereses inmobiliarios, que suelen ser poderosos urbanistas. Al parecer, la generación de núcleos privilegiados de consumo es el mandato de la época. Pero el shopping y la gastronomía internacional no constituyen marcas identitarias. Paraguay no puede dar la espalda a su riquísima y, por qué no, trágica historia. Con el nacionalismo no alcanza; borrar o destruir las huellas es el camino más seguro para el olvido y la ignorancia. La potencia del pasado que se ilumina, a manera de Benjamin, con los sedimentos de los sucesivos presentes, queda neutralizada por la tentación de un dudoso y siempre desigual progreso.

Recorro las calles del centro de Asunción durante horas, las de mi infancia, esas que muy rara vez pisaba, cosa que acrecentaba el misterio. He vuelto muchas veces desde entonces, nunca lo vi tan degradado como ahora. Busco los cafés que fueron hitos, como El Bolsi, alguno pervive, otros, como El Lido, se tuvieron que mudar por los elevados costos de alquiler. La dueña del hotel donde me hospedo, la que fuera casona de un hijo del Mariscal López, me cuenta que recibía docentes e investigadores de todas partes del mundo; desde la moda zoom, también perdió a ese público. Del centro me traslado al opulento barrio de Villa Morra, donde viví y estudié, atravesado por la mítica Av. Mariscal López. Ahora, los tradicionales palacios de la oligarquía criolla están en venta; o transformados en servicios y otros fines. Estamos muy mal, me dice una librera (en coro con todos los que hablé durante este viaje); son pocos los que llegan a fin de mes. Cruzamos a Clorinda para comprar productos de primera necesidad, que nos sale la mitad. Permiten el contrabando al menudeo, y no tanto, porque de lo contrario el sistema no se sostendría. A Clorinda va la clase media, pero también ves autos de alta gama, remata.

Camino por las siete colinas donde está fundada la ciudad, esas subidas y bajadas que tanto nos divertían en la infancia empiezan a pesar ahora, con el sol y la humedad. Leo, sin embargo, en esta topografía inalterable una forma de resistencia: Asunción sube y baja, casi una metáfora del país.
















Fotos Z. L. / Mayo 2023


viernes, 31 de marzo de 2023

¿QUIÉN PROTEGE A LOS NIÑOS?

 ¿Quién protege a los niños?



Entre adultos, de común acuerdo, todo; con los niños, nada. Niños y también adolescentes, que todavía guardan retazos de infancia y que se debaten entre ambos mundos. La industria del espectáculo tiene un largo prontuario para estas tropelías pedófilas. Es la versión legalizada socialmente de la trata y/o el abuso de infantes. El pedófilo, así como el psicópata, no tiene remedio alguno sencillamente porque no es una enfermedad: es una forma de ser, de la que no solo suele estar orgulloso sino que incluso siente cierto placer por ubicare encima de los valores “tradicionales” de la sociedad, de la moral y de la ley. La familia suele ser espacio propicio: intocable, hasta hace poco, el tema era considerado un asunto privado y el hijo pequeño, un objeto de los padres. El niño no tiene alternativa alguna frente a familiares violadores. Ninguna. Ni recursos materiales, ni emocionales, ni siquiera lingüísticos. Cuando los padres alientan a los niños o adolescentes a participar de programas o espectáculos de dudosa reputación, lo que están esperando es salvarse a través de ellos. De lo contrario, estarían ahí como vigías eternos. El caso resonante de Fardín es elocuente. Niños que viajan al exterior con adultos, que a la vez son sus jefes o productores. Que un chico tenga 14 o 16 es lo mismo, es decir, zona prohibida para adultos. La niñez prostibularia, además, es un gran negocio, como tantos otros donde la corrupción está en las mismas estructuras. Por lo que la delación, la denuncia, el prestarle la voz a ese niño que aún no la tiene, serían herramientas eficaces y comunitarias. Una sociedad en estado de alerta (todavía me arrepiento de no haber denunciado a algunos, o por lo menos, no haber lanzado alguna advertencia), confrontativa, o incluso, la denuncia anónima. Tantos movimientos e ideologías de género, orquestados por poderes en las sombras, para “proteger” a quienes no necesitan de protección alguna y tanto olvido hacia los verdaderos vulnerables. Pobres y niños siguen siendo invisibles mientras las sexualidades diversas berrean su diferencia como si estuviéramos en la década del 50 del siglo pasado. Entelequia conveniente para a través de la victimización ganar poder y víctimas reales en el completo olvido.

martes, 21 de marzo de 2023

MIS ÚLTIMAS OBRAS

Pinturas al óleo 
Lienzo y bastidor. Papel, enmarcadas



  



 






 





Para consultas y adquisiciones:

sábado, 18 de marzo de 2023

POSTALES DE BALCARCE: SALAMONE Y UN PUEBLO OLVIDADO

 Salamone y un pueblo olvidado

Me despierto en la ruta y lo veo: el sol que está “muriendo” y ofrece en su ocaso una descomunal belleza. Una hora después arribo a la desvencijada terminal de Balcarce, un sitio que parece haber sido arrasado y nunca se volvió a levantar.  El objetivo, claro está, es Salamone. No contaré demasiado porque se está preparando el video Puebladas, al que le faltaba este viaje, y tendrá relatoría propia. Diría que es el fin de un recorrido detrás de este arquitecto tan seductor como enigmático (y al que le dediqué fragmentos en algunos libros). 

Balcarce me resultó desértica. Amabilidad de pueblo conjugada con abandono. Barrios ampulosos y otros muy precarios: la constante argentina. Poca gente en las calles, ni en las horas pico ni en los fines de semana. “Todos se meten a sus casas a las 8 de la noche, nos quedó de la pandemia, no volvimos a salir”, me dice la dueña de una “regalería”. Hay solo dos líneas de colectivos, circulares y fantasmales. Casi nadie conoce recorridos, paradas ni horarios. Abundan los autos, encimados unos sobre otros (aunque respetuosamente ofrecen paso al peatón); y los remises, con precios siderales. “Voy caminando a mi trabajo, hoy se me hizo tarde. Tenés que conocer los horarios, porque si perdés uno, el otro recién pasa dentro de una hora”, me dice una chica que espera conmigo el 502 que me llevará a la zona del cementerio. “¿Por qué el intendente tiene que destinar fondos en estos edificios si en los hospitales no hay agua? Juntos por el Cambio tenía que ser”, protesta el remisero, que se declara kirchnerista por si había alguna duda, que me lleva al ex matadero, hoy convertido en Centro Cultural Salamone, que tampoco funciona. “No es así; son partidas diferentes. Hace muy bien en revalorizar esas obras, que son hermosas y que van a atraer al turismo”, discrepa una mujer, al frente de un negocio de ropa. “Acá hay grupos que se formaron en forma espontánea para estudiar su obra”, remata. “Vienen especialistas de todos lados. Pero los herederos no nos dejan intervenir demasiado. Solo limpieza de fachada, no quieren que se vuelva a pintar, quieren conservar el original”, me dice el encargado del cementerio. 

Fangio, sin embargo, domina la escena turística, con enorme museo y estatua incluida en los bordes de la bellísima plaza Libertad. Que parece fuera de escala en relación al pueblo. Bien “estilo Salamone” por su monumentalidad y belleza. Después de una semana, dejo Balcarce con la sensación de pueblo desvitalizado (si lo comparamos con algunos de sus vecinos, como Tandil). Pueblo que necesita identidad propia. “Nos consideran zona de paso, por eso nadie arregla la terminal”, remata otra confidente. Agregaría también que parece un pueblo privatizado, privado del sentido de comunidad, aunque todos se saluden por sus nombres de pila.






















FOTOS: ZENDA LIENDIVIT, MARZO 2023