sábado, 12 de mayo de 2012

EL PASO INCLEMENTE DEL TIEMPO

La creación y el paso inclemente del tiempo


Toda arquitectura se crea y se desarrolla en el tiempo. Y así como es imposible que una niegue al otro, también lo es que no se transforme con su paso. El proceso de restauración o de recuperación de un edificio o de una zona histórica implica comprender este vitalismo de lo construido. Una obra siempre está siendo, aunque la propia materialidad infiera inmovilidad. Las tensiones que atravesaron el espacio a intervenir, la historia del territorio, la de las formas empleadas así como el contexto de producción y las condiciones de recepción al momento de su creación configuran el objeto arquitectónico pero es el paso del tiempo el que se encargará de ubicarlo en un lugar móvil a la hora de encarar su recuperación.

En el presente libro, Norberto Levinton rastrea este proceso en la arquitectura jesuítica de Buenos Aires a través de una selección erudita de fuentes y de un estudio pormenorizado de sus materialidades sobrevivientes. Pero no se trata de un trabajo historicista sino de un método dinámico: el pasado no queda atrapado en aquella letra impresa, ni siquiera en sus ruinas o rastros edilicios, sino que, como en la labor del excavador-historiador de Benjamin, se fundirá con las capas del presente para iluminar esas huellas que en toda ciudad moderna tienden a borrarse, generando imágenes de las que a la vez resultarán nuevas formas de percibir y de habitar. El trabajo de restauración obliga a ubicarse de una determinada manera frente a la historia y, a la vez, frente a la actualidad. O, dicho de otro modo, implica definir el lugar que tendrá la memoria dentro de una sociedad. Memoria fundacional pero también memoria del devenir. La creación, el esplendor y el derrumbe de las obras analizadas en este libro se espejan en la situación general de nuestro patrimonio arquitectónico: acciones arbitrarias alejadas de toda reflexión crítica y más preocupadas en cuestiones redituables u ornamentales, o representaciones caprichosas con aires de una posmodernidad obsoleta, tienden a negar que el espíritu de toda obra de arquitectura está en esos pliegues que funden al tiempo, su devenir y sus sucesivos testimonios

Arquitectura de la Compañía de Jesús en Buenos Aires constituye a la vez una huella para el futuro, una estación en la que será imposible no detenerse al encarar cualquier mirada hacia atrás para comprender y entender el propio presente. Y para no perder la memoria.

Zenda Liendivit / Abril 2012

Prólogo al libro ARQUITECTURA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN BUENOS AIRES / NORBERTO LEVINTON (Contratiempo Ediciones, Mayo / 2012)

viernes, 11 de mayo de 2012

ARIEL (9) / LA NOVELA AMERICANA

Cuando  se les interroga sobre los orígenes de su vocación, algunos escritores ensayan una serie de explicaciones acerca de sus biografías a fin de que, por lo menos en el relato, resulten atractivas. No era el caso de Sarah; ella escribía para dejar huellas. No una negociación con la posteridad, sino huellas concretas. La literatura funcionaba en su vida como forma de rastreo, como posibilidad de fijarse en un tiempo y en un lugar, y resultar ubicable frente a la incertidumbre.  El asesinato de Ariel en Barracas, la mayoría de las veces, no constituía para Sarah una opción posible: Ariel estaba desaparecido, habitaba esa zona gris que corroe pero que a la vez otorga esperanzas, una variante no zanjada por la contundencia de la muerte sino alimentada precisamente por la no certeza de ella. Aquella noche hubo muertos que, en cualquier caso, podrían ser los verdaderos destinatarios de las balas, simples sustitutos con el fin de lavar identidades, el producto final de una venganza o  representar cualquiera de las formas que adoptan los cuerpos en los ambientes delictivos donde predomina la acción y no las palabras. Cuerpos sentenciados pero también, cuerpos sustraídos que se transforman en presencias que brillan por ausencia y que generan, por este mismo motivo, una serie de efectos cuya autoría suele escapar al nombre propio. Incluso, a veces, hasta de quienes intentan apoderarse de ellos. En la imprevisibilidad del mito, en la libertad de su manipulación o en ese devenir azaroso en el que cae el cuerpo ausente de Ariel, se perfilaba el presente y el futuro de Sarah. Tiempos de pasados no resueltos, jamás resueltos, fundados siempre en una supresión, en un crimen, en una sustracción, en una estrategia de ocultamiento, en una búsqueda de conciliación. Y en infinitas maneras de apropiarse y reapropiarse de la historia, personal y colectiva.

(Fragmento del ensayo-novela Ariel, que saldrá editado este año)

miércoles, 25 de abril de 2012

SABADO A LA NOCHE EN LA FERIA DEL LIBRO

Afuera
Hace frío en la boletería y la cola avanza despacio. Adentro, una cúpula electrónica, cubierta de fotos, recibe al visitante. Hay gente aunque no demasiada, los pasillos se ensanchan un poco más cada año. La novedad: mucho merchadising, llaveros, lapiceras, remeras, posters. Parece oportuno, los libros están caros. Mi hijo me llama al celular y tengo un deja vu: quiere que le compre Las venas abiertas de América Latina. Formo fila en Siglo XXI, afortunadamente no me pidió que le reserve un sitio para la conferencia de Galeano, donde una multitud aguarda paciente. En Waldhuter hay títulos interesantes pero los precios resultan excesivos (casi 300 pesos por un libro de Mumford que ya lo tengo en partes). La vigilancia en la periferia de los stands mira fijo, por las dudas. Me quedo con Contra Sainte-Beuve de Proust, de Losada, en edición económica con una hermosa foto del autor en la tapa. El vendedor, amable, nos pregunta si la estamos pasando bien. Otra multitud se agolpa en Planeta, una chica, de esos programas de chimentos, se saca fotos con los admiradores, me dicen el nombre pero no la ubico. La gente se desespera, rubísima, sonrisa tipo Colgate, es lo más convocante de la noche. Ella y Galeano. Iba a preguntar si también lanza algún libro pero me gana el aburrimiento. Grandes fotos de autores presiden los locales más ostentosos, no conozco a casi nadie, salvo a los que murieron hace por lo menos 30 o 40 años atrás. No tengo idea de quiénes darán conferencias, de los actos o las presentaciones, ni de ese día ni del resto de la feria. Me siento afuera como cuando hay un Mundial de futbol: no sé quiénes juegan, me confundo las camisetas, todavía no entendí la ley del offside y lo que es peor aún, la mirada reprobadora de los otros frente a un evento que reúne a todo el planeta, con acuerdo tácito de credibilidad entre las partes como para que la pasión funcione. Afuera, como ahora: el viento frío de Plaza Italia nos pega fuerte en la cara.

domingo, 22 de abril de 2012

ESOS ETERNOS INACTUALES


Aspirar a un lector futuro, receptivo, es suponer que esta actualidad empobrecida y sobre todo empobrecedora de cuanto se le pone al alcance también entrará en el pasado. Que el devastador proceso contra el pensamiento es reversible, que encontrará, como todo, su límite, ya sea por hartazgo o tan solo porque nada puede durar eternamente. El problema no es predecir, como futurólogos amateurs, si el libro en papel sobrevivirá y en qué condiciones. Tampoco, por intereses económicos de las grandes empresas informáticas, decretar su defunción (por lo general, cuando se insiste en vaticinar los funerales de algo es porque eso aún amenaza con una larga sobrevida). El problema radica en qué posibilidades tiene un autor de producir y difundir su obra cuando ella no está amparada por los recaudos de la taquilla o de los dogmas. Pero también, qué posibilidades tendrían el pensamiento y el arte de ser, o seguir siendo, actividades lucrativas. O dicho de otra forma, cuanto más se ubiquen en el papel de pura mercancía, más cerca también estarán de perder valor de mercado y circular libremente. Y habría, al fin de cuentas, que reflexionar si este confín del pensamiento como bien tasable no sería una instancia productora de nuevas posibilidades. La actualidad no predispone a la producción de conocimientos. Sin embargo, constituye un desafío para imaginar nuevas formas de desmantelar esas estructuras que domestican las subjetividades y que convierten al creador en el asalariado de turno, el escribiente de éxito asegurado y chatura garantizada, más allá si la tinta es digital o impresa. Andar por senderos marginales, esquivar las luces que alimentan cajas que siempre permanecen en sombras, no estar a tono con la época, son también maneras de construir esos futuros lectores. Para ellos, esta entrega de Contratiempo que reúne una selección de valiosos ensayos sobre esos  autores eternamente inactuales.

A REVISTA CONTRATIEMPO / ABRIL 2012
http://www.revistacontratiempo.com.ar/

viernes, 30 de marzo de 2012

LA ESCRITURA DE ARIEL (8)

Nada interesante pasó los días siguientes, nada que justificara el relato, salvo que la masacre no salió en medio periodístico alguno, el bar se limpió y abrió, también como si nada, al día siguiente. Sarah, que de ella se trata, tampoco volvió al lugar, Barracas le traía malos recuerdos pero aún así, no pensó, por lo menos entonces, que otro más, tal vez el definitivo mal recuerdo de su vida se había gestado en aquel desencuentro. Por ese motivo, el rostro de Suarez quedó grabado en su memoria como lo último que ella vio la noche en que tendría que encontrarse con Ariel, que jamás apareció. El tiroteo y Ariel, y la masacre y los cuerpos acribillados, y la sangre y los guardaespaldas o no, quizá por una rara piedad del destino, no se unieron inmediatamente, no fueron la causa o la excusa de la desaparición de Ariel. Ariel, para Sarah y durante un buen tiempo, tan sólo faltó a la cita. Sarah tampoco hizo demasiado por encontrarlo, algo que después a cualquiera que conociera su historia podría haberle desconcertado. Pero eso sería si Ariel ya era ese Ariel que la torturaría en el recuerdo. Porque cuándo Ariel empieza a ser recuerdo es siempre difícil de precisar. Lo cierto es que en ese momento, esos días, ese tiempo, que ahora surge, se agiganta, se retuerce, ella no lo buscó, él todavía era una realidad tangible, aunque del cuerpo no tuviera noticias. Sarah se había enamorado de Ariel, como ocurre muy a menudo, sin darse cuenta. De golpe él rompió la cotidianeidad donde se movía y se transformó en algo singular, en relieve puro, Sarah se sintió ligera, como si de pronto flotaba en las nubes. Ocurrió una noche cualquiera cuando ella llegó al descubrimiento y cayó enferma. Ninguna posibilidad, sin embargo, le dio a ese hombre  que en todo relato romántico funcionaría como el que por fin apareció. Sí, por fin apareció pero ya Sarah intuía, acertadamente como se verá después, la imposibilidad de cualquier redención, por lo menos en ese tiempo presente. ¿Pero cuál era aquel presente que le impedía la felicidad del amor encontrado? Precisamente, Ariel. Con tono tranquilo, casi distante, le hablaba de cosas sabidas por ella, algo remoto escuchaba detrás de sus palabras, como si el conocimiento viniera de mucho tiempo atrás, incluso anterior a ellos. Un secreto compartido que los hacía entrar en comunión y que de alguna forma los volvía cómplices. Lo que Sarah experimentaba era, desde luego, el amor pasional con toda su fuerza arrasadora. Tal vez por primera vez. Pero a pesar del cuerpo y el espíritu convulsionados, era justamente esa complicidad la que presionaba en contra de cualquier posibilidad. Era su pasado el que estaba en juego de ser compartido y era Ariel tanto el destinatario como el posible conocedor del mismo. Dejarlo entrar equivalía a un riesgo que Sarah no pudo, no supo, no quiso, o lo que hubiera sido, afrontar y esa duda, ese instante en que no tomó la decisión es el que todavía veinte años después la seguía persiguiendo y, al final de cuentas, el que le había trazado el futuro. Por eso no lo buscó inmediatamente, lo tomó como un tiempo de espera, habían convenido encontrarse en Barracas, ella había llegado tarde, no había insistido en entrar al bar porque un matón se le había puesto delante y le había informado que ya estaba cerrado. Apenas eso pasó esa noche.

(Novela-ensayo en construcción)

sábado, 25 de febrero de 2012

ONCE. LA IMAGEN, EL MOVIMIENTO Y LA MUERTE

Once: la imagen, el movimiento y la muerte




En La invención de Hugo Cabret, el protagonista sueña que un tren descarrila, arrasando todo a su paso en una multitudinaria estación de París de principios de los años 30. El funcionamiento maquínico de la vida metropolitana, la experiencia continua de imágenes-movimiento, se espeja en una de sus producciones, la que a su vez actúa como forma de resistencia: el cine. Pero no es la única: en la estación aún se baila el tango, se toma café sin los apuros del tiempo productivo y alguien todavía repara juguetes viejos. Incluso, hay tiempo para el amor y la lectura de volúmenes memorables sobre bandidos que roban para los pobres, y donde germinan también escritores y magos. La multitud y la técnica interactúan como piezas fundamentales del engranaje fílmico, una es impensada sin la otra y ambas motorizan las posibilidades de salvación: sin un público ávido, no hay film que rescatar o mostrar, pero sin técnica no hay posibilidad alguna de interrumpir ese tiempo tan creador como destructor. El film de Scorsese mira el origen-pasado para lanzarlo al futuro, escarba sobre los escombros para encontrar en ellos fragmentos de una experiencia surgida con la modernidad pero que a la vez, como Chaplin y el mismo Hugo, que se cuelgan de los relojes, intenta detenerla. La Gran Guerra hizo lo suyo, cambió paradigmas y formas de expresión y generó a la vez ese tiempo del medio, de intercepción de dos catástrofes, donde surgieron manifestaciones artísticas que de alguna forma preanunciaban los siniestros años por venir. A fines de los 20 todavía fulgura la utopía del maquinismo como instancia liberadora del hombre y sobre todo, de sus circunstancias metropolitanas. Para los años venideros quedaría el desencanto y el horror frente a una razón que se instrumentaliza al grado de convertir en variable poco redituable todo lo que encuentra a su paso. Sobre todo, si eso que encuentra a su paso son hombres comunes que tienen el cuerpo y el alma configurados como artefactos-mercancías siempre listos para el consumo y el descarte. Como en la estación Once, como en Cromagnón, como en tantas catástrofes metropolitanas tan evitables como predecibles.

lunes, 13 de febrero de 2012

BAHIANAS (5) / EL BIEN AMADO

El bien amado
A mediados de la década del 70 se transmitía en Asunción la telenovela brasilera O bem amado. La miniserie, que duró alrededor de seis meses, giraba en torno a la figura del alcalde de un pueblo de Bahía que con tal de inaugurar el cementerio local estaba dispuesto a cualquier cosa, incluso contratar un sicario: la maldición del lugar era que allí no moría nadie desde hacía mucho tiempo. El mar, con los pescadores y sus canoas, constituía, como el Maldonado de Borges y los orilleros, un activo pero a la vez melancólico promotor de intrigas y suspenso. A nosotros nos divertían las andanzas de Odorico Paraguazú, así se llamaba el alcalde, sus corruptelas y maquinaciones. En Paraguay reinaba Stroessner desde hacía décadas y en Brasil también había dictadura. Pero como el fuerte de estos sistemas, tan férreos como analfabetos, no era leer entre líneas, la serie se emitía  en horario de la tarde y con record de audiencia por el único canal de televisión. El tono tragicómico, burlesco a ratos, y el color local lo dispensaban de sospechas. Las voces y la música de Toquinho y de Vinicius de Moraes hacían el resto.





(Salvador de Bahía / Fotos Zenda Liendivit Febrero 2012)

viernes, 10 de febrero de 2012

BAHIANAS (4) / OTRAS PALABRAS

La ciudad de Salvador de Bahía: otras palabras

Tomar un auto y extraviarse por las calles de la ciudad: esa es la mejor manera de conocer Salvador de Bahía (y huir de los circuitos turísticos). La caminata en estos casos es imposible: no solo porque está asentada en morros, lo que la convierten en una montaña rusa, donde las subidas y las bajadas se suceden en forma extenuante y cuyas pendientes, a veces, desafían la fuerza de la gravedad, sino por su extensión. Atravesada por autopistas, avenidas de tránsito rápido (rapidísimo en manos de los experimentados conductores) y favelas que se alternan con edificios modernos y suntuosos, la ciudad es un laberinto inesperado donde  puede surgir cualquier elemento urbano a la vuelta de la curva. No soporta rutinas ni perfiles definidos aunque sí se intuye un ritmo propio que tiene mucho que ver con sus raíces. Salvador se espeja en sus habitantes casi hasta la mímesis: desbordante, un poco exagerada pero densa hasta niveles también insospechados. Una suerte de trasfondo donde la melancolía negra se revela como elemento constitutivo que va mucho más allá de espectáculos recreados para el turista y aumentados como marca publicitaria de la región. La violencia original, la sensualidad y cierta conciencia de destino trágico funden cuerpos, arquitectura, historia y naturaleza en un solo dispositivo que funciona en bloque y donde cada uno corre la misma suerte del conjunto.








Farol da Barra
Vistas desde el Fuerte Monserrat (el puerto y ciudad alta-ciudad baja)
Vista del elevador Lacerda y entorno desde el Mercado Modelo
Ejército en Porto da Barra y diario del día 10/2/12
(FOTOS ZENDA LIENDIVIT, 10/2/12)



martes, 7 de febrero de 2012

BAHIANAS (3) / TAMBORES DEL PELOURINHO

Tambores del Pelourinho / Grupo Olodum





Grupo Olodum ensayando en las calles del Pelourinho
Fotos Zenda Liendivit / 6/2/12

lunes, 6 de febrero de 2012

BAHIANAS (2) / COTIDIANO

Cotidiano

Hay dos policías en Salvador, nos explican. La militar y la que anda de civil, que son estaduales. El ejército viene por la huelga de la primera y no es conveniente andar cerca cuando ambos se quedan frente a frente; la mayoría de los muertos es narcotraficante, agrega nuestra fuente. Tiros a la madrugada. Por las dudas, hay funciones nocturnas canceladas y negocios que cierran un poco más temprano. Por lo demás, todo parece mantener el ritmo cotidiano: el fin de semana, alcohol hasta quedar rendidos, a veces tirados en calles y  playas, y soportar, seguramente, la semana laboral; peleas de borrachos, que para el domingo tienen los ánimos caldeados, frente al ejército que mira de lejos. Hoy, lunes, arranca como cualquier otro día. La ciudad ya tiene contadores de días que faltan para el Mundial 2014; hay construcciones metálicas por donde pasarán los corsos y el eterno calor que, como dice Silvio Rodriguez, nos evapora y nos da prisa. Un auto nos acerca hasta el Palacio Legislativo, donde se está intentando solucionar el conflicto y que fue escenario de escaramuzas entre los rebeldes y los militares, pero todos los accesos carreteros están cerrados. Nos volvemos al Pelourinho.








 . 
Imágenes desde la Av. Tancredo Neves. Las favelas y los rascacielos.
El ejército patrullando el Shoping Iguatimi
Acceso carretero a la Cámara Legislativa (ultimas dos fotos)
(Fotos Zenda Liendivit / 5 y 6 de febrero 2012)

domingo, 5 de febrero de 2012

IMÁGENES BAHIANAS (1) / Salvador de Bahía: noticias de ayer

Salvador de Bahía: noticias de ayer

El taxista nos habla de Vinicius, de Tom Jobim, de Caetano, de una chica nueva, Paula Fernández, y allí nomás, con el fondo musical de esta última, nos dice: anoche hubo saqueos, asesinatos, la ciudad fue un caos. Nos cuenta también que los comercios cierran temprano y que hay que evitar las periferias  y la noche. Esa fue la primera noticia que tuvimos de Bahía al descender del avión, camino al hotel. Una ciudad en huelga policial y custodiada, por orden de Dilma Rousseff, por militares. Que comprobamos, al día siguiente, están en todas partes, con vistosos uniformes de fajina y los fal casi en posición de disparo, como para disipar dudas. En los lugares de mayor concentración turística caminan en grupo y a la noche, en carros de asalto, detienen autos en la Av. Oceánica. Las noticias ya hablan de 56 muertos y la policía sostiene que son todos narcotraficantes, abatidos en la madrugada. La ciudad, sin embargo, parece seguir su propio ritmo: el Pelourinho bombardeado de fotos, el Mercado Modelo con capoerias en función continuada y las playas y bares atestados de gente, durante el día y durante la noche. Con pobreza extrema, de cuerpos tirados en la calle y suplicando, o exigiendo, unas monedas; con vendedores ambulantes de lo que sea  y con la música que detona en todas partes. "Cuando Bahía no está de fiesta es porque está ensayando", dice la publicidad en la televisión, anticipando los carnavales. En las vertiginosas calles del Pelourinho, una mujer nos previene sobre la máquina de fotos, el sol nos golpea fuerte y la violencia, siempre la violencia, como parte del paisaje. O del aire.






Elevador Lacerda
Vista del Mercado Modelo y la bahia
Pelourinho
Playa Barra
FOTOS: ZENDA LIENDIVIT (4/2/2012)

jueves, 26 de enero de 2012

MISIÓN IMPOSIBLE 4: CUANDO HOLLYWOOD VUELVE A BRILLAR



Entre el Héroe y el Único

El hombre está suspendido de los ventanales del piso 130 del edificio más alto del mundo: abajo, el perfecto trazado geométrico que configura la plataforma de la torre y que organiza el entorno financiero de Dubai; un poco más allá, la chatura, el mercado árabe, el desierto, el golfo. Y allá a lo lejos, la temible tormenta de arena que se insinúa en el horizonte y que complicará aún más las cosas. Antes, el agente Ethan Hunt (Tom Cruise) había ascendido la fachada vidriada del Burj Dubai, al estilo hombre araña, 11 pisos más arriba, armado apenas con unos guantes adherentes. Que previsiblemente funcionan mal y otra vez el duelo del héroe contra el gigante de más de 800 mts. de altura. Budapest, Moscú, Dubai, Bombay y Seattle: el mundo es un pañuelo y en todas estas ciudades ese imposible Hunt se siente como en casa. Ni el poder financiero, ni el político, ni siquiera las mafias o el psicópata de turno, que quiere acabar con la humanidad, pueden con él, menos aún las inclemencias climáticas o las leyes de la física. Pero Hunt no es el típico súper héroe invencible que lucha contra las fuerzas del mal, más bien, es el hombre que viene después, o el que está en el medio, ese que posee tanto el conocimiento como la información y que además, carga con el peso de la tradición. La actuación de Cruise, que se pasea en la película como si fuera un territorio previsible, no es casual; tampoco, la fragilidad del guión o la edición vertiginosa. Aquí no hay nada que convencer al espectador, no hay verosimilitud que sostener, mucho menos, historia que contar: todo está dicho y hecho. Lo único que resta es tensar los límites del género, de la ficción (y de la realidad de la ficción), del cine mismo como medio de comunicación de masas o incluso como función política o moral, para que se transformen en otra cosa. Misión Imposible 4: protocolo fantasma constituye una mirada hacia atrás sobre los escombros de la factoría hollywodense para extraer de ellos una luminosidad singular que llevará al cuerpo a abismarse hacia lo (ya) innombrable de su propia existencia. Una existencia que creyó haber visto todo y que de golpe vuelve a agitarse frente al miedo elemental, en estado puro. Parafraseando a Rafael Argullol, Ethan Hunt está ubicado, sin alternativa posible, entre el Héroe de la infancia romántica que aspira al infinito y el Único, el hombre que sabe su propia condición fragmentada y fragmentaria. Como la película misma.


(La música de fondo nos retrotrae a la infancia, a aquella mecha que enlazaba la misión, la imposibilidad y el éxito asegurado por repetición pero que, sin embargo, siempre nos mantenía en vilo. Misión imposible: protocolo fantasma es exactamente la conjunción de dos mitos enlazados por ese eterno hilo conductor: la infancia jamás superada de héroes invencibles con los recursos también invencibles de una modernidad tecnológica donde el límite es, como en el Burj Dubai, el cielo mismo. Con sus propios abismos)




martes, 24 de enero de 2012

PRÓXIMA CONVOCATORIA / REVISTA CONTRATIEMPO

PRÓXIMA CONVOCATORIA
Las colaboraciones para la próxima actualización de la revista digital, prevista para principios de abril, son recibidas en la Redacción hasta fines de febrero. Las condiciones de envío pueden solicitarse a:

revistacontratiempo@fibertel.com.ar
http://www.revistacontratiempo.com.ar/

sábado, 14 de enero de 2012

ANTES QUE EL DIABLO LO SEPA

Unos minutos en el cielo


Sí hay salvación, es apenas transitoria. Después, la condena se presenta bajo la forma de la eternidad infernal. O de la repetición. En “Antes que el diablo sepa que has muerto” (Lumet, 2007), la línea temporal debe ser quebrada porque nada de lo que ocurre en un tiempo puede sustentarse sin la apoyatura del otro. El recurso de la sospecha, aunque el caso esté resuelto desde el inicio, la pluralidad de relatos alrededor de lo mismo y las estrategias del policial negro van desplazando el cuerpo asesinado de la madre en los del marido e hijos a través de crímenes imperceptibles que hacen implosionar los tiempos y confundir víctimas con victimarios. Hay un destino que se escribe en algún momento de la historia familiar del que será inútil escapar, que fijará en una potencialidad a sus protagonistas, convirtiéndolos en artífices tanto de la continuidad como de la destrucción. La supresión sucesiva de una generación en manos de la otra en un intento por resolver el conflicto, el parricidio inicial y el filicidio final, implica apenas una suspensión de esta catástrofe. Pero ni la deuda paterna ni la culpa filial, o viceversa, encuentran conciliación alguna: los sobrevivientes permanecen como recordatorio de aquella escritura indeleble que inscripta en sus cuerpos volverá una y otra vez a detonar en cualquiera de las puntas que quedan sueltas en el relato. Auténticas mechas a la espera de que el diablo se de cuenta que están muertos. O peor aún, que siguen vivos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

2011: OTRO AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO



2011: otro año que vivimos en peligro

Trabajar en la cultura, en la producción y difusión de conocimientos, no es un pasatiempo. El imaginario colectivo, con mucha frecuencia, lanza esta actividad al terreno del ocio o de la desocupación. Y el trabajo independiente, fuera de las protecciones mercantiles o académicas, suele ser, lo sabemos muy bien, arduo y a veces bastante desalentador. Hay una cultura que tiende al menosprecio de lo que se refiere a las tareas del intelecto pero también hay intereses muy bien fundados para sostener dicho convencimiento. El pensar siempre fue una ocupación riesgosa, no solo para el que la realiza sino también para aquellos que están cómodos en un sistema establecido y protector. La sobreproducción de contenidos, de opiniones, de comentarios, de libros descartables, de blogs intrascendentes, de muros atiborrados de palabrerío, activos las 24 horas del día, en tiempo real para documentar la nada, de trivialidades estupidizantes, configuran un panorama desalentador para cualquier pensamiento que se pretenda relevante para la vida cultural de una sociedad. Funcionan como poderosos análgesicos del espíritu, el que entra en un letargo adictivo y pierde, por lo general, la perspectiva del tiempo. Que no es otra cosa que un presente que se disuelve a paso veloz y deja una nada que hay que llenar de manera inmediata. Del futuro, o mejor dicho, de una construcción a largo plazo, ninguna novedad a la vista.
Pero por otro lado, no es de extrañar que la Academia eleve el grito al cielo cuando siente que su hegemonía está en juego. El problema no radica en un asunto de vencedores y vencidos. El problema es que la aparición de otros centros de producción haría entrar en crisis las legitimaciones y las formas de circular, de producir y de canonizar los conocimientos que ella enarbola (y de paso, cargos, becas, institutos y toda la estructura parasitaria que la sustenta con fondos públicos). Pero esa crisis, muy saludable por cierto, solo sería real si esos institutos tienen como premisa fundamental, y fundacional, su condición de independientes de cualquier poder. Si funcionaran como sitios móviles donde se abordara lo no pensable. Y esto no se trata de rescatar a olvidados y malditos, o de fosilizar a la lengua en un Museo, sino de leer en otra forma, fuera de territorios preestablecidos a fuerza de normativas, jerarquías y márgenes, de corpus, léxicos y toda la parafernalia formal a la que se apela para domesticar los procesos de investigación. Y en otro caso, fuera de los intereses políticos del momento. No es infrecuente encontrar profesores que enseñan en los grandes centros mundiales de conocimiento al mismo tiempo que en la Academia Argentina. Interrogarse hasta qué punto influye ese doble lugar de enunciación, desde un país del primer mundo al nuestro, tampoco vendría mal. Qué autores son traducibles, qué discursos son taquilleros, qué pensamientos se adaptan a las necesidades de estos centros, qué formas no incomodan a esas historias: al fin y al cabo, pensar con los mecanismos, las normas y los intereses del centro cuando se está en el margen es la mejor garantía de perpetuar la dependencia y la exclusión, de fortificar la hegemonía en todos los órdenes, no solamente cultural, y de alimentar esa estupidez de la que hablábamos al principio. La instrumentalización del pensamiento en una estructura que ostenta al prestigio como elemento silenciador frente a la crítica o la prerrogativa de un Estado que se adjudica las formas de contar la historia, son los objetivos a demoler con estas nuevas formas de lectura. Que pueden surgir de los sitios más inesperados. Esa es la tarea más ardua para cualquier intelectual realmente independiente.

NOTA EDITORIAL REVISTA CONTRATIEMPO / DICIEMBRE 2011
http://www.revistacontratiempo.com.ar/