lunes, 29 de mayo de 2023

REFUNDAR EL CENTRO DE ASUNCIÓN

Refundar el centro de Asunción

El centro está muerto. Me lo dijeron ni bien puse un pié en la capital del Paraguay después de diez años de ausencia: tradicionales negocios cerrados, poquísimo tránsito peatonal, edificios derruidos, como si hubieran sobrevivido a un incendio, y traslado de las principales funciones públicas y privadas hacia otras zonas. Imagen desoladora de un espacio fundacional tan significativo para la memoria de un pueblo. Porque la identidad de una ciudad radica en el pasado, que pervive en construcciones, costumbres e íconos. Toda capital es productora de símbolos y a la vez, constituye el resguardo de los bienes intangibles de una nación (de allí la estupidez pragmática de aquellos que acusan a Buenos Aires de “no producir nada”). Desde ese sitio, dialoga con el resto de las grandes ciudades y a la vez, se nutre de ellas. La preservación de la historia es esencial, aunque para ello se deba enfrentar a los espurios intereses inmobiliarios, que suelen ser poderosos urbanistas. Al parecer, la generación de núcleos privilegiados de consumo es el mandato de la época. Pero el shopping y la gastronomía internacional no constituyen marcas identitarias. Paraguay no puede dar la espalda a su riquísima y, por qué no, trágica historia. Con el nacionalismo no alcanza; borrar o destruir las huellas es el camino más seguro para el olvido y la ignorancia. La potencia del pasado que se ilumina, a manera de Benjamin, con los sedimentos de los sucesivos presentes, queda neutralizada por la tentación de un dudoso y siempre desigual progreso.

Recorro las calles del centro de Asunción durante horas, las de mi infancia, esas que muy rara vez pisaba, cosa que acrecentaba el misterio. He vuelto muchas veces desde entonces, nunca lo vi tan degradado como ahora. Busco los cafés que fueron hitos, como El Bolsi, alguno pervive, otros, como El Lido, se tuvieron que mudar por los elevados costos de alquiler. La dueña del hotel donde me hospedo, la que fuera casona de un hijo del Mariscal López, me cuenta que recibía docentes e investigadores de todas partes del mundo; desde la moda zoom, también perdió a ese público. Del centro me traslado al opulento barrio de Villa Morra, donde viví y estudié, atravesado por la mítica Av. Mariscal López. Ahora, los tradicionales palacios de la oligarquía criolla están en venta; o transformados en servicios y otros fines. Estamos muy mal, me dice una librera (en coro con todos los que hablé durante este viaje); son pocos los que llegan a fin de mes. Cruzamos a Clorinda para comprar productos de primera necesidad, que nos sale la mitad. Permiten el contrabando al menudeo, y no tanto, porque de lo contrario el sistema no se sostendría. A Clorinda va la clase media, pero también ves autos de alta gama, remata.

Camino por las siete colinas donde está fundada la ciudad, esas subidas y bajadas que tanto nos divertían en la infancia empiezan a pesar ahora, con el sol y la humedad. Leo, sin embargo, en esta topografía inalterable una forma de resistencia: Asunción sube y baja, casi una metáfora del país.
















Fotos Z. L. / Mayo 2023