martes, 28 de junio de 2011

STROESSNER, PERÓN Y LA ACTUALIDAD


Las historias de la eternidad
La comparación de gestos del kirchnerismo con el stronismo, por parte de Elisa Carrió, no solo es desafortunada sino hasta imprudente. Stroessner, el supremo dictador del Paraguay del Siglo XX, amaba inaugurar toda escuela, hospital o camino  que se fundara en el interior del país, palmotear a los campesinos (los que no conformaran Ligas Agrarias, claro está) y mostrarse como un hombre de campo, sencillo, como ese pueblo al que había decidido rescatar del peligro de “la subversión apátrida y sanguinaria del comunismo y sus aliados”. La liturgia de autopromoción era interminable como su propio mandato, y tan claustrofóbica como el mismo. En junio de 1974 ordenó la formación de dos cordones de alumnos que unieran el Aeropuerto Pte. Stroessner (hoy Silvio Pettirossi), ubicado en las afueras de la capital, con la Casa de Gobierno, en pleno centro de Asunción, para despedir a su amigo el General Perón, que al parecer fue a Paraguay a empezar a morirse. Dos hileras infinitas de guardapolvos blancos que simbolizaban, más que un progreso cifrado en el horizonte de claustros abiertos y posibilidades igualitarias, la voluntad de una permanencia eterna, ese estilo que, parafraseando a Borges, comparten tanto el deseo como los poderes totalitarios. Claro que Stroessner elegía a dedo, pero a dedo también mandaba encarcelar, torturar, matar y exiliar a cualquier opositor molesto que se le cruzaba (o creía que lo hacía) en el camino. Los altísimos niveles de corrupción económica vividos durante la dictadura, renovable cada cinco años como para cumplir con las formas democráticas y quedar presentable frente al resto del mundo, iban de la mano de la altísima corrupción moral. El reino de Stroessner estaba fundado en el miedo y el secreto, en la sospecha, la conspiración y la delación, en el crimen imperceptible de sentirse siempre en deuda y siempre en falta frente a un poder tan omnipresente como muchas veces, intangible. Todo el Paraguay funcionaba como una gigantesca cadena nacional, a través de la cual se moldeaban conciencias en estado de feliz brutalidad a fin de que el sometimiento se transformara, a fuerza de sangre y pedagogía, en una verdad establecida. Al fin y al cabo, Stroessner se sentía inmortal y esta inmortalidad no estaba cifrada en una temporalidad corporal. Tal vez la herencia más pesada del stronismo, junto con los masacrados y desaparecidos, sean precisamente esas estructuras sólidamente asentadas en la conciencia del pueblo, una naturalización de la corrupción en todos los órdenes de la vida y  elevada a la categoría de status y prestigio social. Una forma de vida instalada en el designio trágico del que no se podía escapar y en el que había que adoptar los valores de los verdugos no solo como forma de supervivencia sino como superación moral, personal y colectiva. Si Stroessner necesitaba a esos esclavos para visibilizar su condición de amo y señor del gran feudo que era Paraguay, esos esclavos terminaron por convencerse, con la supresión de generaciones de intelectuales mediante, de su rol de pueblo sometido a una voluntad superior, sin posibilidad alguna de transvalorarse y convertirse, él mismo, en material necesario y actor principal de la historia.

(Foto: Asunción 1974 / Museo Virtual del Paraguay)

viernes, 17 de junio de 2011

CONVOCATORIA REVISTA CONTRATIEMPO N° 3 (EDICIÓN IMPRESA)

ARTE, PENSAMIENTO Y POLÍTICA EN ARGENTINA
La 3 de Contratiempo sale en Septiembre

Está abierta la convocatoria para el envío de trabajos para el N° 3 de Revista Contratiempo (Edición impresa) "Arte, Pensamiento y Política en la Argentina"
Las condiciones de envío son las siguientes:

- Los textos deben ser inéditos (tanto en formato virtual como impreso).

- Deben implicar un trabajo de fondo. No se aceptan obras de ficción ni monografías académicas. La temática es interdisciplinaria, con eje en problemáticas argentinas.
- La cantidad de páginas es de 5 a 8, en formato A4, Times New Roman 12, interlineado sencillo
- Todos los trabajos son leídos por la Redacción. No se ejercen derechos sobre los mismos, ni se realizan evaluaciones, comentarios o críticas.

- Fecha de entrega: hasta el 30 de julio 2011


Para consultas e informes:
revistacontratiempo@fibertel.com.ar

domingo, 5 de junio de 2011

CINE / IRINA PALM: SEXO, MERCANCÍA Y SALVACIÓN


Sexo, mercancía y salvación

Lo más llamativo de Irina Palm no es lo que es capaz de hacer una persona por alguien que ama, y más aún tratándose de un hijo. Allí no habría muchas dudas, uno es capaz de cualquier cosa. Lo significativo de Irina Palm es cómo el destino se encarga, de alguna forma (bastante desagradable en este caso), de poner en perspectiva tanto la vida personal como la colectiva, relanzando a ambas a lugares inesperados. Maggi, eslabón indispensable cuando se creía un desecho inútil, consigue que la historia no se detenga. Y esto lo logra en ese instante en que el cuerpo adquiere su máxima expresión como mercancía en el negocio prostibulario. Pero lo que ejerce Maggi no es el comercio sexual convencional. No es su cuerpo a cambio de dinero. Es un fragmento del cuerpo del otro en contacto con un fragmento del suyo, reduciendo la transacción a su mínima expresión. Y nada más, no hay miradas, no hay diálogo, no hay roce de grandes superficies, no hay posibilidad de comunicación. Esta fragmentación llevada al límite de lo elemental a través de un dispositivo arquitectónico que organiza tabiques, agujeros y anonimato absoluto, economía aceitada de placer y beneficio con mínimo contacto, es la encargada de develarle a la mujer su propia ubicación dentro de la otra gran maquinaria social y económica, como lo es la miserable y grandiosa Londres de principios del siglo XXI. Ese miembro que se sacude y se exterioriza gracias a sus habilidades manuales la lleva, mucho más que el dinero que cobra, o en todo caso, interceptado por éste, a descubrirse en su propia fragmentación extrema, en su propia inconexión y a la vez, es ese mismo acto el que la reconecta a la vida. Ella al fin y al cabo sirve para algo, y para eso que sirve, superado el asco inicial, es precisamente lo que a esos hombres miserables (fragmentos también del mundo, al margen del poder económico, como el dueño de Sexy World, el cabaret donde Maggy trabaja) los devuelve a la vida. Es el sexo en su mínima expresión pero al final de cuentas, es el sexo descarnado que devela sus misterios y lanza, de golpe, a derrotados, enfermos, hipócritas, chismosos, trabajadores, desocupados, abyectos y honorables a otro lugar desde donde ella puede, por fin, renombrarlos y encargarse de su propio destino.

jueves, 2 de junio de 2011

CINE / INCENDIES

Un problema de tiempos
El pasado es tal vez el personaje más poderoso de Incendies. Un personaje terrible. El problema es que cuando ese pasado trata de entablar una conexión con la actualidad (o, lo que es lo mismo, cuando intenta hacer funcionar la ficción) queda atrapado en su propia fuerza devastadora. Algo acontece (siempre) entre el pasado y el presente que en Incendies no se formaliza. Al relato fílmico con características de tragedia le falta precisamente la dimensión trágica en donde se establece ese vínculo que nos convierte en seres históricos, materia resultante de lo que pasó y productora de lo que vendrá. En Incendies no se lee el presente a través de la búsqueda del tiempo perdido. El pasado, en realidad, se termina de contar en el presente, anulándole a éste sus posibilidades y funcionando como un bloque inalterable, ya sabido de antemano. Las tensiones vitales quedan abolidas frente al peso de una historia que no acepta rugosidades ni posibilidades de transformación a la luz, precisamente, del paso del tiempo. Al horror de lo narrado se le opone la tranquilidad de su propia condición inerte frente a la cual el cuerpo presente siempre queda cómodamente resguardado.